Con tan solo 13 años de edad, Valeria, una estudiante de sétimo año, podría ver truncado su futuro. Como una joven sonriente, espontánea y con la vitalidad de una adolescente, Valeria conversaba bastante con sus compañeras de colegio, quienes, de alguna manera, influían en ella para que se escapara de algunas clases. Su padre, preocupado por su rendimiento académico, acudió a la institución para enterarse de la situación de su hija.
Cuando el padre de Valeria llegó al colegio, se dirigió a la oficina del equipo de orientación, donde también se encontraba la psicóloga de Fundeser. Entre las orientadoras y la psicóloga, le brindaron asesoría al padre de Valeria para que no la retirara del colegio, ya que este, al enterarse del bajo rendimiento de su hija y el alto ausentismo que ella presentaba, estaba decidido completamente a que su hija se dedicara a ayudarle a su madre en las labores domésticas.
Este es solo un ejemplo de una situación que viven diariamente los estudiantes en secundaria, especialmente en sétimo año. No todas las causas de deserción están ligadas a factores económicos. La experiencia que hemos tenido en la Fundación para la Lucha contra la Deserción Estudiantil (Fundeser) nos indica que son varios los factores que se relacionan con el abandono escolar en los y las jóvenes.
En seis años de ejecución, el programa ha brindado atención personalizada a más de 3.000 estudiantes tanto de Cartago, Heredia y San José para que permanezcan en las aulas, con servicios psicológicos de apoyo. A partir de esta experiencia, nos hemos dado cuenta de que son varios los factores implicados que inciden en la decisión de dejar las aulas.
El primero de ellos es la falta de motivación y sentido hacia el estudio. Hemos confirmado los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (2009), el cual indica que un 40% de las razones del abandono escolar pertenecen al ámbito académico, donde la mayoría de los estudiantes mencionan que no les interesa la educación formal, no tienen clara la razón y la importancia de estudiar, y esto, consecuentemente, va a tener una gran repercusión sobre su rendimiento académico y sobre su nivel de vida en el futuro.
Los hábitos de estudio también juegan un papel fundamental en el joven ya que, si no cuentan con una serie de hábitos que les permita repasar y comprender la materia más allá de las clases, probablemente fracasarán en los primeros exámenes que realicen.
Desgraciadamente, muchas veces, los mismos padres de familia no creen en la capacidad de su hijo o hija para obtener un título de bachillerato, por lo que esperan los resultados de los exámenes para hacer realidad una amenaza que realizan desde el inicio de año: “si no pasa los exámenes, lo saco del colegio”. Está comprobado que lo único que consigue es que la joven o el joven se sienta mucho más inseguro acerca de sí mismo y del futuro que le espera.
La crisis económica es un problema que ha afectado a muchas familias de nuestro país y, para muchas de ellas, puede resultar una solución atractiva el retirar a su hijo o hija del colegio, para que aporte económicamente al hogar. Lo que no saben es que, a mediano y largo plazo, las consecuencias de esta medida pueden ser negativas ya que lo único que se asegura es consolidar el ciclo de la pobreza, que no solo afecta a nuestras familias, sino al país en general.
En Fundeser, creemos que las medidas que el Ministerio de Educación Pública ha puesto en marcha para disminuir los índices de abandono escolar, son valiosas, con programas como Avancemos, el de arrastre de las materias aplazadas, entre otras iniciativas. Sin embargo, creemos que, como Valeria, muchos de estos jóvenes necesitan un espacio de confianza, donde puedan expresar su sentir, sus temores acerca de su situación académica y de aquellos problemas que no les permiten tener un buen desempeño.
Valeria presentaba un problema de adaptación al sistema educativo, sumado a amistades que le influían de manera negativa; pero también hemos encontrado estudiantes que no se pueden concentrar en clases, porque sus padres se acaban de separar o porque su madre tiene una enfermedad terminal. Escucharles y brindarles ese apoyo en este proceso se hace vital y puede marcar la diferencia en el futuro del estudiante.
La deserción no solo afecta al joven que se retira de las aulas, sino también a su familia, su comunidad y al país en general. Por eso, debemos ser conscientes de esta problemática y hacer algo al respecto, comenzando por nuestros hogares, donde podemos brindar ese apoyo incondicional a ese o esa joven que posee aspiraciones y sueños y que necesita de nuestra guía para poder cumplirlos.