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Dos razones para agradecer

Si mi profesión tiene algo bueno, es que nos permite devolver, con gratitud, un poco de lo mucho que recibimos hace tantos años

Primer plano de cara de niño/niña con mascarilla de nebulización/nebulizaciones por asma u otras afecciones respiratorias
Primer plano de cara de niño/niña con mascarilla de nebulización/nebulizaciones por asma u otras afecciones respiratorias Shutterstock
Primer plano de cara de niño/niña con mascarilla de nebulización/nebulizaciones por asma u otras afecciones respiratorias
"Andrés, vos eras asmático de los que hacían crisis muy graves. Cuando tenías cuatro años, una vez llegó tu mamá a tocarme la puerta de la casa a la 1 a. m., desesperada, porque estabas que te ahogabas. ¡No podías respirar!", me contó un paciente de 70 años que llegó por primera vez a mi consulta. (Foto con fines ilustrativos). (Shutterstock/Imagen)

Hace algunas semanas, tuve el gusto de atender a dos pacientes que, sin saberlo, se convertirían en las dos historias de esta publicación.

Don Óscar, a sus 70 años, es un profesor universitario pensionado. Un señor muy educado, delgado, que se mantiene en excelente forma física, toma sus medicamentos de forma regular y se cuida mucho.

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