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Diarios de un ayer sempiterno

Con el advenimiento de la tecnología digital, se creía que el periodismo de papel firmaría su sentencia de muerte. No obstante, el presagio no se ha cumplido

Bibliotecarias en el set de Páginas Vivas. En el orden usual: Laura Rodríguez, Flor Quesada, Rosemary Pacheco y Vanessa Brenes.
Bibliotecarias en el set de Páginas Vivas. En el orden usual: Laura Rodríguez, Flor Quesada, Rosemary Pacheco y Vanessa Brenes. Roberto García Herrera
Bibliotecarias en el set de Páginas Vivas. En el orden usual: Laura Rodríguez, Flor Quesada, Rosemary Pacheco y Vanessa Brenes.
Bibliotecarias en el set de 'Páginas Vivas'. En el orden usual: Laura Rodríguez, Flor Quesada, Rosemary Pacheco y Vanessa Brenes. (Roberto García Herrera/Roberto García Herrera)

Cuán lejos estábamos de imaginar, hará unos 15 años, que el placer de leer el diario extendido en la mesa al desayuno, o doblado en el bus rumbo al trabajo, se convertiría en la ojeada autómata de una masa absorta en la pantalla de un celular. O que el vocear de las noticias en cada esquina se disiparía y haría del pregonero urbano una especie en extinción.

Con el advenimiento de la tecnología digital, se creía que el periodismo de papel firmaría su sentencia de muerte. No obstante, el presagio no se ha cumplido. Ni se cumplirá. Los diarios de papel, como los libros tradicionales, seguirán existiendo. Del linotipo a los sistemas de impresión offset en las rotativas, los periódicos de papel son testimonios que desafían las convenciones del tiempo.

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