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Desacatar a los jueces: ¿abonando el colapso de la República?

La contradicción resulta todavía más evidente cuando se trata de imputados que han despotricado contra el Poder Judicial cada vez que una denuncia penal no culmina, sí o sí, en una sentencia condenatoria

Efecto bumerán. Mano lanzando bumerán contra cielo con nubes. Boomerang
Efecto bumerán. Mano lanzando bumerán contra cielo con nubes. Boomerang Shutterstock
Efecto bumerán. Mano lanzando bumerán contra cielo con nubes. Boomerang
Las decisiones del poder pueden convertirse en un bumerán que termine volviendo contra quienes las impulsan. (Shutterstock/Imagen)

Tan criminal es cometer delitos contra la propiedad como crímenes contra la autoridad jurisdiccional. Desobedecer al juez es un delito regulado como tal (arts. 314 del Código Penal y 71 de la Ley 7135). Como hecho punible, no es un delito menor: una vez convertido en crimen de desacato organizado, puede golpear o desbaratar tanto el orden de legalidad constitucional como la economía entera de una nación.

Ciertamente, el punto de quiebre de una democracia ocurre cuando los demás supremos poderes desobedecen deliberadamente los fallos judiciales. En sentido contrario, la sola existencia de esta regulación todavía representa una garantía-país. Así, en caso de que un gobernante deba sentarse a conversar con inversionistas escépticos de participar en el clima de negocios local, puede demostrar que existen mecanismos para proteger la seguridad jurídica del país anfitrión.

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