El aumento de la delincuencia organizada y, en particular, la alarmante tendencia hacia el sicariato que se nutre de niños y adolescentes es un reflejo preocupante de una sociedad que se encuentra en una encrucijada.
Es señal de que el narcotráfico, con sus garras tentadoras, identifica y explota una vulnerabilidad social: la falta de oportunidades para los jóvenes. Pero ¿cómo la situación alcanzó este punto y cuál es la solución?
El sicariato no es simplemente un acto de violencia; es un síntoma de un problema mucho más grande. Las raíces del fenómeno se hunden en la carencia de oportunidades educativas y laborales, la búsqueda de pertenencia y la esperanza de escapar a la pobreza y la adversidad.
Para muchos jóvenes en estado de vulnerabilidad, el narcotráfico aparece como una salida, una forma rápida de obtener poder y estatus en una sociedad que parece haberles dado la espalda.
La situación se complica aún más con la representación que hacen los medios de comunicación de estos actos violentos.
La teoría del aprendizaje social de Albert Bandura sugiere que las personas, y principalmente los jóvenes, aprenden y adoptan comportamientos observando a otros e imitando.
En un mundo donde las noticias sobre actos violentos son omnipresentes, es posible que algunos muchachos vean el sicariato no solo como una vía de escape, sino también como una forma de obtener notoriedad.
Si a ello añadimos la falta de presentación de las consecuencias negativas y la posible glorificación de estos actos, el resultado es una receta peligrosa que suele conducir a más jóvenes a considerar la vida delictiva como una opción viable.
Frente a este desafío, es esencial que tomemos medidas proactivas y estratégicas. La solución no radica únicamente en la represión o en medidas punitivas. De hecho, es imperativo que reconozcamos el papel fundamental de la inversión social como herramienta primordial en la lucha contra la delincuencia juvenil y el narcotráfico.
La inversión en educación de calidad y capacitación laboral y la creación de empleos dignos para los jóvenes es una respuesta eficaz y duradera. A través de la educación, no solo les proporcionamos herramientas y habilidades, sino también les ofrecemos modelos positivos y un sentido de propósito y dirección.
Al hacerlo, alejamos a nuestros jóvenes de la influencia del narcotráfico y les brindamos una visión positiva del futuro. Asimismo, los medios de comunicación tienen un papel crucial que desempeñar.
Es esencial que asuman una responsabilidad ética en la forma como transmiten las noticias sobre violencia y delincuencia. La presentación equilibrada, objetiva y responsable de la información es una herramienta poderosa en la orientación de la percepción y actitud de los jóvenes hacia la delincuencia.
En última instancia, la lucha contra el narcotráfico y la prevención del sicariato juvenil no es tarea de una entidad o sector aislado. Es una responsabilidad colectiva, que involucra a gobiernos, instituciones educativas, medios de comunicación y, sobre todo, a la comunidad en conjunto.
Solo trabajando juntos, con un enfoque unificado y determinado, podemos rescatar a los jóvenes y construir un futuro más brillante y seguro para Costa Rica.
El autor es psicólogo y doctor en Educación con amplia experiencia en atención de la infancia y adolescencia, especialmente para la inclusión educativa y social.
