
El próximo mes de febrero, más de un millón de estudiantes regresan a las aulas para hacer frente a un nuevo curso lectivo. Muchos llegarán con la esperanza de aprender y de obtener buenas notas para pasar el año; otros más sentirán un compromiso con sus padres de familia, profesores y con ellos mismos.
Pero, este año, los adultos también volvemos a las aulas en esa misma semana de febrero, para cumplir con un compromiso algo distinto, aunque de trascendental importancia: debemos ir a votar.
Exactamente, 3.731.788 costarricenses están convocados a alguna escuela o colegio del país para, sobre un pupitre, marcar su elección para los cargos de presidente y diputados.
La responsabilidad es grande, al igual que las de los estudiantes que comienzan clases. Para esta lección de civismo, necesitamos los siguientes útiles en nuestro bolso o salveque:
La lista de útiles. En vez de libros y cuadernos, debemos llevar la cédula de identidad y estar listos para recibir de los miembros de mesa las papeletas. Además, necesitamos criterio propio y responsabilidad ciudadana.
La tarea. Antes de llegar a las urnas, debemos hacer la tarea de revisar los planes de gobierno, observar y analizar los debates y el desempeño de los candidatos, y aguzar los sentidos para evitar ser manipulados por la desinformación. Está prohibido “copiar y pegar” de fuentes dudosas o creer en las llamadas fake news.
El valor del trabajo. Por su grado de responsabilidad, esta asignación tiene un valor muy alto. Y no para pasar de año, sino para que Costa Rica pase a otra página histórica, ya que las decisiones que tomemos hoy definirán nuestro futuro. Por eso, no puede ser algo que se tome a la ligera o se haga por salir del paso. Absolutamente todos los que participamos en el ejercicio de la democracia aprobamos.
Instrucciones. No se permite copiar; cada votante debe elegir con su propio criterio. Si bien el voto es individual y secreto, el resultado de la votación se puede considerar trabajo en grupo. Y, pasada la elección, todos los ciudadanos costarricenses debemos terminar siendo compañeros.
Asistencia obligatoria. El domingo 1.° de febrero tenemos una cita que es, a la vez, un deber y un derecho. El abstencionismo es lo que más daño le hace a nuestra democracia. Nadie debe decidir por nosotros; no dejemos el destino del país en manos de esos otros que, llueva o truene, sí irán a votar. Si faltamos, todo nuestro grupo de trabajo se verá perjudicado.
El profesor. El Tribunal Supremo de Elecciones tiene el mismo papel del docente: es el que vigila la aplicación de la prueba, revisa los trabajos y, al final, nos da los resultados. Es un excelente maestro. Por décadas, ha sido garante de la libertad electoral, además de que ha graduado a Costa Rica en una de las democracias más robustas de Latinoamérica. En él, hay absoluta confianza y seguridad. También tiene la lección y los materiales preparados para ese día y siempre se asegura de que no falten los insumos necesarios para cumplir con este deber.
La fiesta. No es necesario esperar hasta el final para que llegue la “fiesta de la alegría”. En año electoral, el primer domingo de febrero en Costa Rica siempre ha sido una fiesta democrática. No permitamos que esto cambie.
Con la misma ilusión que tantos estudiantes llegan a las aulas al comenzar cada curso lectivo, así debemos ir los ciudadanos a las urnas. Todos estamos llamados a derrotar al enemigo del abstencionismo.
joaria04@gmail.com
Josué Arias Hernández es profesor de primaria.