
Al comenzar un nuevo año, muchos de nosotros renovamos la esperanza y expresamos a quienes más queremos buenos deseos de salud, prosperidad, paz y alegría. Sin embargo, no pasa mucho tiempo antes de que la realidad cotidiana –con sus tensiones, frustraciones y desafíos– nos devuelva al ritmo habitual de nuestras vidas.
Este año, no obstante, es distinto para Costa Rica. Nos encontramos ante un momento decisivo, a las puertas de acudir a las urnas para elegir, en libertad y democracia, el próximo gobierno y la nueva Asamblea Legislativa. No se trata únicamente de un proceso electoral más, sino de una oportunidad profunda para reflexionar sobre el país que queremos ser y el rumbo que deseamos seguir como sociedad.
Cada elección representa la posibilidad de renovar liderazgos y de colocar en el gobierno a quienes consideramos más aptos para conducir los destinos de una nación que amamos profundamente. Por ello, es importante que aprovechemos este espíritu de inicio de año y las pocas semanas previas a las elecciones para pedir, de manera respetuosa pero firme, claridad y compromiso a quienes solicitan nuestro voto.
Es legítimo –y necesario– preguntarles cómo piensan convertir los buenos deseos en políticas públicas concretas, capaces de mejorar la vida de las personas.
Queremos saber cómo fortalecerán la educación pública, especialmente en las zonas rurales y en las comunidades más golpeadas por la desigualdad social y económica, donde el acceso a una educación de calidad sigue siendo la herramienta más poderosa para romper ciclos de exclusión.
Necesitamos conocer sus propuestas para salvar y fortalecer el sistema de salud y de seguridad social, representado por la Caja Costarricense de Seguro Social, una institución fundamental para la calidad de vida, la paz social y la tranquilidad de millones de costarricenses, en particular de quienes no tienen acceso a servicios privados.
Esperamos también escuchar cómo impulsarán el emprendedurismo y el fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas, columna vertebral de nuestra economía y fuente de empleo y bienestar para una parte significativa de la población.
Igualmente importante es que compartan su visión sobre los valores que han definido históricamente a Costa Rica: una cultura de paz social, de respeto por la naturaleza, de honestidad, de tolerancia y de respeto a la libertad de expresión, incluso y, sobre todo, frente a quienes piensan distinto.
No podemos obviar la preocupación creciente por la inseguridad, la violencia y el avance del narcotráfico, que amenazan nuestra convivencia y han alterado severamente la forma en que vivimos. Es indispensable conocer cuál es su diagnóstico y qué acciones concretas proponen para proteger la vida, recuperar la tranquilidad y ofrecer oportunidades reales a las poblaciones más vulnerables.
Asimismo, debemos exigir un compromiso claro con el bienestar social y económico de toda la población. Gobernar implica servir al bien común, no a intereses personales, familiares o de grupo.
Pero la responsabilidad no recae únicamente en quienes aspiran a cargos públicos. Cada una y cada uno de nosotros tiene el deber de observar, analizar y decidir conscientemente. Informarnos, contrastar propuestas y ejercer nuestro derecho al voto es parte esencial de la ciudadanía democrática.
No podemos permitir que una minoría decida por el resto. Contamos con un sistema electoral sólido, confiable y protegido por el Tribunal Supremo de Elecciones. Tener la certeza de que nuestro voto cuenta es un privilegio que no podemos desperdiciar. Renunciar a él sería debilitar nuestra democracia, con consecuencias que no quisiéramos experimentar.
Vayamos a votar y honremos el legado de nuestros padres y abuelos. Costa Rica nos necesita comprometidos, participativos y responsables. Y no basta con hacerlo individualmente: invitemos a nuestras familias, vecinos y amigos a ejercer este derecho. Si cada persona motiva a otras diez, el impacto sería extraordinario.
Este 1.º de febrero tenemos una cita con el futuro. Respondamos con una participación masiva y consciente –alcancemos el 90 por ciento de votantes– y demostremos al mundo que la democracia costarricense sigue viva, fuerte y profundamente arraigada en nuestra identidad.
Costa Rica somos todos. Y cuidarla es una tarea compartida.
jzaglul24@gmail.com
José Zaglul Slon es fundador y presidente emérito de la Universidad EARTH.