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Cuba: el día después

Antes que capital, Cuba necesitará reglas. Antes que promesas, instituciones. Y antes que instituciones, el capital humano capaz de sostenerlas

Un viejo carro ruso cruza La Habana, en setiembre de 2024.
Un viejo carro ruso cruza La Habana, en setiembre de 2024. YAMIL LAGE
Un viejo carro ruso cruza La Habana, en setiembre de 2024.
El día después no será una fiesta: será el comienzo de una contabilidad dolorosa. El desafío de reconstruir un Estado, un país en ruinas. (YAMIL LAGE/AFP)

Antes de toda celebración prematura, conviene detenerse en una imagen menos heroica que inevitable: la de un régimen que no cae por una epopeya popular, ni por una transición pactada, ni por la súbita conversión democrática de sus jerarcas, sino por puro agotamiento histórico.

Sesenta y siete años después, el castrismo ya no se sostiene en la promesa revolucionaria, sino en la rutina lúgubre de un aparato que transformó la escasez en disciplina, la miseria en obediencia y al Estado en botín de una casta militar-empresarial. La pregunta no es cuándo caerá, sino qué quedará en pie cuando termine.

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