De una crisis económica hemos pasado a una crisis de desconfianza que acelera y promueve la crisis económica.
Se nota que cada uno tiene una desconfianza hacia el otro y así se genera la cadena de causas y efectos. Por ejemplo un banco teme respecto a la salud financiera de una empresa y no le presta dinero. La empresa no puede dar crédito a sus clientes y así ve reducir sus ventas. Su bajo volumen le impide mantener su planilla y procede a despedir personal. Las personas ya no pueden hacer frente a sus obligaciones y reducen sus compras y pagos. Leemos las noticias y nos hundimos más en el sentimiento de desconfianza y la cadena sigue en forma negativa, en una morbosa competencia por quien es más negativo en su pronóstico.
Salir del círculo. No existe nada que nos saque de este círculo de desconfianza que no sea una actitud positiva y una confianza generalizada y sincera entre nosotros y hacia los gobernantes. Hemos sido testigos del esfuerzo tenaz que ha puesto el presidente Arias en hacernos saber a tiempo que se avecinaban las vacas flacas y luego ha sido más tenaz en darnos un “Plan escudo” que favorece en especial a los sectores más pobres.
La desconfianza no se hizo esperar y así han salido al aire los mal enfocados o mal intencionados criticando lo que la hace falta al plan y no alabando lo que tiene. Con esa actitud mezquina y de desconfianza sólo le damos más giros a esta rueda de la desconfianza. Que algunas cosas le pueden faltar al “Plan escudo”, hasta el mismo Presidente lo ha aceptado; pero que seamos tan mezquinos en no reconocerle el mérito de haberlo impulsado, eso no es aceptable.
De este círculo perverso solo nos sacará la actitud positiva. Tenemos que tener confianza lo queramos o no hacia los demás, debemos confiar en el Congreso para que pase las leyes necesarias; debemos tener la confianza en que el Presidente nos lleva por el buen camino. Nada nos sacará de la crisis de desconfianza sino la actitud de ver a los semejantes como lo que son, personas llenas de valores y dignas aspiraciones que buscan su superación. No hay una ley o reglamento que logre reemplazar el efecto poderoso que tiene nuestra voluntad de ser solidario.
Y esa solidaridad en este momento está basada en la confianza. Está demostrado que en épocas de tragedias naturales nos volvemos solidarios y lo demostramos al dar bienes y ayudas económicas a los afectados. En este momento de desconfianza, requerimos la ayuda basada en la virtud de la confianza.
De esta crisis saldremos muy robustecidos, pues nadie quiere volver a sufrirla, pero para ello hay que superarla. Por ejemplo, los controles de las entidades financieras en el futuro serán ahora más rigurosos, las empresas serán más eficientes y responsables, el Estado será más transparente y oportuno, los ciudadanos serán más frugales y juiciosos con gastos y deudas.
Las decisiones que debemos tomar para reducir los efectos de la crisis deben estar basadas en una actitud diferente a saber una incrementada confianza ciudadana y además deben ser no ortodoxas pues los tiempos son diferentes. Anclarse a modelos tradicionales de decisión y actitudes rutinarias, no nos sacará adelante de algo que es tan diferente.
Acciones. Me atrevo a sugerir algunas acciones no ortodoxas basadas en la confianza ciudadana:
Que permitamos que el Congreso en un período mínimo de tiempo, apruebe una ley de emergencia que dé atribuciones especiales por un período de un año a municipalidades, instituciones públicas, y ministerios para poder contratar y comprar mediante mecanismos abreviados y así poder incentivar la producción de inmediato. Si la ley se demora en aprobar, mejor no la aprueben, pues la hemorragia hay que cerrarla ya y no después.
Incrementar el impuesto de ventas en dos por ciento para utilizar esos fondos en aspectos de seguridad, de tal manera que se genere empleo al contar con más policías y que retorne la tranquilidad a nuestras calles y barrios.
Crear un seguro de desempleo básico para atender a los que han quedado sin empleo. Complementar esto, con permitir a las empresas que deduzcan en el primer y segundo año, de su impuesto de renta, dos veces el monto del gasto incurrido en contratación de esos nuevos empleados.
Permitir que mediante una ley de aprobación expedita ( no más de un mes) se otorgue la autorización temporal al Gobierno para que emprenda todas las obras públicas de infraestructura pendientes, mediante mecanismos abreviados de contratación que permitan ejecutar ese gasto de inmediato, generar empleo y poder así ver y disfrutar de sus resultados.
Permitir al Congreso que apruebe una ley igualmente de tramitación expedita, que contenga la autorización temporal para que las municipalidades reciban todos los fondos que se les adeudan por parte del Gobierno y puedan usarlos, en forma inmediata y con procedimientos rápidos, en la contratación de los desempleados de cada cantón para dedicarlos todos al ornato público, a la limpieza de calles y parques, al aseo público.
Que las entidades regulatorias flexibilicen temporalmente las medidas para permitir a los bancos y financieras operar según parámetros menos apretados que los actuales.
Ninguna de estas medidas tiene cabida si no pensamos de manera no ortodoxa. Nunca lo hemos hecho así, pero nunca antes la crisis había sido así.