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Creer que ‘aquí no pasa’

La experiencia comparada es clara: el autoritarismo nunca se queda donde promete empezar. Comienza persiguiendo a los ‘malos’, continúa ampliando el margen de sospecha y termina alcanzando a cualquiera que estorbe

Un dibujo de Alex Pretti se exhibe junto a velas en un monumento improvisado en su honor, en la zona donde fue asesinado a tiros por agentes federales de inmigración en Minneapolis, Minnesota, el 26 de enero de 2026. El 24 de enero, agentes federales dispararon y mataron a  Pretti, un enfermero de cuidados intensivos de 37 años, mientras forcejeaban con él en una carretera helada. Fotografía.
Un dibujo de Alex Pretti se exhibe junto a velas en un monumento improvisado en su honor, en la zona donde fue asesinado a tiros por agentes federales de inmigración en Minneapolis, Minnesota, el 26 de enero de 2026. El 24 de enero, agentes federales dispararon y mataron a Pretti, un enfermero de cuidados intensivos de 37 años, mientras forcejeaban con él en una carretera helada. Fotografía. OCTAVIO JONES
Un dibujo de Alex Pretti se exhibe junto a velas en un monumento improvisado en su honor, en la zona donde fue asesinado a tiros por agentes federales de inmigración en Minneapolis, Minnesota, el 26 de enero de 2026. El 24 de enero, agentes federales dispararon y mataron a  Pretti, un enfermero de cuidados intensivos de 37 años, mientras forcejeaban con él en una carretera helada. Fotografía.
Un dibujo de Alex Pretti se exhibe junto a velas en un monumento improvisado en su honor, en la zona donde fue asesinado a tiros por agentes federales de inmigración en Minneapolis, Minnesota, el 26 de enero de 2026. (OCTAVIO JONES/AFP)

El autoritarismo no empieza con tanques en las calles ni con decretos extraordinarios desde el primer día. Empieza mucho antes: con el lenguaje que normaliza la erosión de los contrapesos, con la trivialización de quienes advierten que se están cruzando límites constitucionales, con la burla –en lugar del debate– hacia las voces críticas. Comienza cuando se acepta que “los malos” pueden ser definidos arbitrariamente por el poder y cuando el debido proceso deja de ser un principio no negociable, para convertirse en un obstáculo incómodo.

Ese camino se pavimenta lentamente, mucho antes de que la represión o el uso abusivo del aparato estatal se vuelvan visibles. En Estados Unidos, por ejemplo, el discurso que durante años prometió perseguir exclusivamente a criminales e inmigrantes “ilegales” terminó justificando la violencia estatal contra ciudadanos estadounidenses comunes: madres de familia, trabajadores, personas sin antecedentes, cuya muerte fue relativizada o directamente explicada como un daño colateral necesario.

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