Barcelona emerge insolente por las puertas de la historia, coqueteando con mercaderes y navegantes. Soberbia y vibrante desafía la represión elevándose, por la avenida Tibidabo, sobre el mar de los romanos hasta alcanzar el olimpo de las diosas. A través de los siglos ha alimentado y se ha enriquecido en diálogo permanente, con la creatividad de sus hijos e hijas, entre los que se cuentan (para citar solamente algunos recientes y reconocidos ejemplos) los pintores Joan Miró y Salvador Dalí, el arquitecto Antoni Gaudí, la cantante Montserrat Caballé, el químico Manuel Ballester (seis veces candidato al Nobel) o la geóloga María José Jurado. Pero más allá de logros individuales de tantos de sus descendientes, la riqueza del entorno barcelonés le ha permitido un ininterrumpido crecimiento económico, un alto rendimiento deportivo y ser vientre fértil para las artes, las letras y las ciencias.
Realidad interactiva. La llamada Cuidad Condal es uno de muchos ejemplos de cómo la creatividad se manifiesta, además de como un don personal, como una realidad social, viva e interactiva; como un compromiso de sus habitantes para dejar huella; como un proyecto compartido de cambio innovador en las personas y en lo que hacen. Es por eso que, coincidiendo con otros autores y autoras que recientemente se lo plantean, Saturnino de la Torre catedrático de la Universidad de Barcelona dice, con firme convicción, que la creatividad auténtica está llamada a ser social. Se trata, apunta, de un fenómeno cargado de connotaciones personales, repercusiones institucionales y consecuencias sociales. Piensa que la creatividad realmente generará un cambio renovador permanente si emerge de los grupos, las organizaciones o las comunidades; de la interacción entre las personas.
Resulta así que la innovación para llegar a tener un impacto trascendente en la sociedad debería nacer del encuentro e intercambio de grupos de personas curiosas, creativas y con iniciativa que transitan en múltiples direcciones por un medio estimulante. Es decir, estamos frente a la necesidad de reconocer y valorar la creatividad social, que incluye pero trasciende la individual.
Implicaciones para la educación. Las implicaciones para la educación son múltiples. En relación con la creatividad individual, mucho se ha dicho ya, aunque también queda mucho por hacer. Es importante que las personas se comprometan con la evolución de sus pensamientos y actitudes de manera que tiendan hacia la flexibilidad, la criticidad, la curiosidad y la innovación. Ya estamos tomando conciencia de que, para el estímulo del pensamiento creativo, las nuevas tecnologías digitales son especialmente adecuadas, si se utilizan para diseñar, proponer, o programar y no solamente para transmitir información.
Lo que quizás no hemos abordado tan explícitamente es la urgencia de estimular también la creatividad social. Por ejemplo, resulta evidente que una de las tareas prioritarias sería la de promover sistemáticamente, además del logro individual, la creación en equipo. Se trata de una tarea que involucraría todos los niveles del sistema educativo y todos los actores: estudiantes, docentes, administrativos, familias y comunidades. Se trata de potenciar la conformación de redes interactivas entre personas, información, conocimiento, culturas, pensamientos y valores.
Sobre todo, estimular que estas redes sean propositivas y creativas y procurar que sus propuestas sean reconocidas. Pero, si bien esto se dice fácil, aprender a conformar equipos interconectados, comprender la dinámica de las redes y, sobre todo, aprender a trabajar colaborativamente en red no lo es. Se requieren nuevos conocimientos y valores, así como el desarrollo de diver- sas inteligencias, como la emocional. De nuevo aquí las tecnologías digitales son utilísimas si se dedican a comunicar, interconectar, enlazar y relacionar (sin limitaciones de tiempo y espacio) más que solo para acceder a la información.
Formación de docentes. De manera especial, la necesidad de estimular la creatividad social tiene también implicaciones directas en un cambio de visión en la formación y capacitación continua de las y los docentes que tienen y tendrán en sus manos la educación de las presentes y las nuevas generaciones. Es una formación de docentes que se despega del sitio actual en el que se recompensan y valoran los éxitos individuales y los guetos disciplinares para transitar hacia la conformación de redes flexibles y transdisciplinares que posibiliten el nacimiento y desarrollo de la creatividad social.
Tal vez con el establecimiento de estas redes y su interconexión con otras redes, y con más redes, podamos finalmente ver que las innovaciones tengan un impacto trascendente. En el sistema educativo en primera instancia y en nuestra sociedad en el largo plazo.