
Hace poco, estaba leyendo las noticias nacionales cuando me encontré con este titular: “Usuarios de ChatGPT en Costa Rica ahora deberán pagar el IVA”.
Este no es un artículo sobre impuestos ni gravámenes. Es un llamado de atención sobre algo que se le viene al mundo encima y para lo cual Costa Rica debe prepararse.
Mi especialidad es la inteligencia artificial (IA), y puedo decir con seguridad que estamos ante una de las tecnologías más revolucionarias de los últimos años. Durante el tiempo que he dedicado a estudiarla y trabajar con ella, he tenido el privilegio de estar inmersa en una burbuja de tecnología e innovación, donde el desarrollo avanza a una velocidad que, en ocasiones, resulta difícil de asimilar.
En apenas tres años, esta tecnología pasó de ser principalmente una máquina de predicción estadística de texto a convertirse en una herramienta capaz de abordar problemas matemáticos complejos, modelar en 3D, crear software desde cero en minutos y contribuir al desarrollo de nuevos fármacos en tiempos antes impensables.
¿Qué es la inteligencia artificial general?
AGI, por sus siglas en inglés, es un término que no tiene una definición universalmente aceptada. A grandes rasgos, se refiere a un sistema de inteligencia artificial capaz de aprender, razonar y resolver una amplia variedad de tareas intelectuales, en diferentes dominios, con un nivel de generalidad comparable al de un ser humano.
Algunos expertos consideran que los modelos actuales ya muestran características cercanas a la AGI. Otros sostienen que todavía no hemos llegado a ese punto, aunque podríamos estar cada vez más cerca.
Sin importar si ya estamos o no en la era del AGI, una cosa es clara: la inteligencia artificial llegó para transformar a la humanidad y ya está cambiando muchos de los procesos que conocemos. Desde las tareas más simples hasta las más complejas, su impacto tendrá consecuencias directas sobre nuestra productividad, nuestras oportunidades y nuestra estabilidad económica.
¿Qué puede hacer Costa Rica ante la llegada de la AGI?
Construir resiliencia social. Hay muchas maneras de construirla, pero la primera y más inmediata es aprender a utilizar la inteligencia artificial de verdad.
No basta con usarla como un chat para buscar información o compartir nuestros problemas. Debemos aprender a emplearla para construir procesos, trabajar con agentes, automatizar tareas y utilizarla como colaboradora en la creación y ejecución de proyectos.
Pero hay una condición fundamental: debemos hacerlo siempre ejerciendo y fortaleciendo nuestro pensamiento crítico. La inteligencia artificial no debe sustituir nuestra capacidad de pensar. Debe ampliarla.
Pienso, luego construyo.
¿Y por qué empecé hablando del IVA? Porque el IVA del 13% aplicado a plataformas de inteligencia artificial puede convertirse en una barrera adicional para su adopción.
Costa Rica ya afronta el reto de mantenerse competitiva frente a economías que están incorporando estas tecnologías a gran velocidad. Si para estudiantes, emprendedores, profesionales y pequeñas empresas el acceso a estas herramientas resulta más costoso que en otros países, corremos el riesgo de ampliar aún más nuestra brecha tecnológica.
Por ello, deberíamos preguntarnos cuánto puede costarnos, como sociedad y como economía, dificultar el acceso a una tecnología que cambió a la humanidad.
Si el Estado no promueve la educación en inteligencia artificial, si no facilita su adopción y no analiza mecanismos que permitan un acceso amplio a estas herramientas, podríamos enfrentar consecuencias económicas y sociales importantes en los próximos años.
El momento para prepararnos no es cuando la transformación haya terminado. Es ahora.
andrejim@mit.edu
Andrea Jiménez Fernández tiene una maestría en Inteligencia Artificial de la Escuela de Ingeniería del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y una maestría en Administración de Empresas (MBA) de la Escuela de Negocios del MIT. Es emprendedora y trabaja como ingeniera e investigadora en inteligencia artificial en Estados Unidos.