
En la Junta Directiva de Camtic hemos venido conversando mucho sobre un tema que cada vez se vuelve más importante y urgente: ¿cómo nos estamos preparando para competir en una economía global de servicios que cambia a una velocidad sin precedentes debido a la tecnología?
La inteligencia artificial (IA), la automatización avanzada, los agentes digitales y otras tecnologías de frontera ya están transformando la forma en que las empresas producen, toman decisiones, redefinen sus modelos de negocio y generan valor.
Durante tres décadas, Costa Rica construyó una de las economías de servicios más exitosas de América Latina. La estabilidad institucional, el talento calificado, la apertura comercial y la atracción de inversión extranjera posicionaron al país en tecnologías digitales, ciencias de la vida, ingeniería, software y servicios empresariales. Ese modelo sigue siendo una fortaleza, pero no podemos asumir que será suficiente para sostener nuestra competitividad en el futuro.
El cambio que enfrentamos no es solo tecnológico: es económico, organizacional y estratégico.
Durante años, hemos vendido principalmente tiempo, conocimiento especializado y capacidad operativa. Hoy ese paradigma cambió. Cuando un profesional puede producir en horas lo que antes requería días, el cliente deja de valorar el tiempo invertido y empieza a concentrarse en el resultado obtenido. La discusión ya no gira alrededor de cuántas personas participan en un proyecto, sino en torno al valor que realmente se genera.
Esto tiene implicaciones serias para Costa Rica. Las empresas que sigan compitiendo únicamente mediante tercerización o venta de horas enfrentarán una presión creciente sobre precios y márgenes. Por otro lado, los que combinen talento, inteligencia artificial, datos, conocimiento sectorial y propiedad intelectual podrán ofrecer soluciones más completas y difíciles de sustituir.
El país debe comenzar a identificar cuáles sectores seguirán siendo competitivos en una economía impulsada por la IA, y cuáles nuevos surgirán. Los indicadores tradicionales ya no bastan para anticipar un entorno donde el valor se desplaza hacia capacidades como la integración tecnológica, la creatividad, el pensamiento crítico, la ciberseguridad, la gobernanza de datos y la resolución de problemas complejos.
Costa Rica debe evolucionar de exportar talento a exportar valor agregado. Eso implica pasar de vender horas a vender resultados, de ejecutar proyectos aislados a desarrollar propiedad intelectual, y de crecer únicamente contratando a más personas a escalar mediante tecnología, automatización e innovación.
Esto también exige transformar los modelos de negocio. El mercado premiará cada vez más los resultados obtenidos, la reducción de costos, el aumento de ingresos, la mitigación de riesgos o la transformación de capacidades empresariales.
Contamos con talento, experiencia exportadora, conocimiento en industrias reguladas y una sólida reputación internacional. Sobre esa base, podemos desarrollar nuevas capacidades en inteligencia artificial aplicada, integración de sistemas, ingeniería de datos, ciberseguridad, supervisión de modelos y servicios digitales de alto valor.
La ventaja competitiva no estará en reemplazar el criterio humano, sino en amplificarlo. Por eso, el principal desafío de Costa Rica será humano. Necesitamos formar talento, empresarios y líderes capaces de aprender continuamente, cuestionar, innovar y rediseñar procesos y modelos de negocio. La transformación no ocurrirá solo porque las personas utilicen inteligencia artificial, sino porque quienes toman decisiones sepan integrarla estratégicamente.
Esta discusión incluye al sector tecnológico, pero también a la educación, la política pública, la inversión, el empleo y la competitividad del país. Necesitamos una visión compartida entre empresas, academia e instituciones públicas para acelerar la transformación empresarial y conectar a Costa Rica con mercados que demandarán cada vez más innovación y soluciones de alto valor.
La dirección exacta del cambio sigue siendo incierta, pero la necesidad de prepararnos, no.
La oportunidad no está en hacer más de lo mismo utilizando inteligencia artificial. Está en transformar el modo en que Costa Rica crea, comercializa y captura valor en la nueva economía global de servicios.
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Adolfo Cruz Luthmer es presidente de Camtic.