
El mundo está atravesando una transformación profunda. Las tensiones geopolíticas, las estrategias industriales expansivas de las grandes potencias y la competencia tecnológica están redefiniendo el mapa global de inversión.
En el tablero internacional, las medidas arancelarias ya marcan tendencia y podrían profundizarse con una nueva legislación estratégica de Estados Unidos. Un ejemplo es la investigación del Departamento de Comercio bajo la Sección 232, que analiza los riesgos a la seguridad nacional asociados a las importaciones de dispositivos médicos. Este proceso mantiene en alerta a países como Costa Rica, profundamente integrados en cadenas de valor estratégicas.
El impacto potencial sobre Costa Rica es innegable: el país se ha consolidado como el segundo mayor exportador de dispositivos médicos en América Latina, con más de $8.700 millones en exportaciones y cerca de 60.000 empleos directos en el sector.
Sin embargo, la preocupación trasciende el riesgo comercial o arancelario: el verdadero mensaje es que la globalización abierta ha dado paso a un nuevo orden más fragmentado, político y competitivo. Estados Unidos y otras potencias están redefiniendo sus vínculos económicos y su dependencia de socios globales.
Los datos del primer semestre de 2025 ya reflejan señales de alerta: la inversión extranjera directa total hacia el país se redujo un 7% en comparación con el 2024. Este fenómeno no es exclusivo de Costa Rica, sino parte de una tendencia global señalada por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad): la inversión se concentra en menos proyectos, pero de mayor escala y sofisticación. El mundo está priorizando manufactura avanzada, semiconductores, inteligencia artificial y energía.
La zona de control: lo que sí depende de nosotros
Costa Rica mantiene su atractivo, pero el terreno de juego ha cambiado. El modelo basado en talento, estabilidad y sostenibilidad necesita fortalecerse e incorporar velocidad, agilidad y la capacidad de adaptación como nuevas monedas de competitividad.
El país debe diferenciar tres dimensiones. Primero, el círculo de preocupación, que comprende aquello que no puede controlar, como las tensiones entre potencias, los aranceles o las políticas industriales de otros países. Segundo, el círculo de influencia, donde es posible incidir parcialmente y fortalecer las capacidades de negociación. Y tercero, el círculo de control, que define aquello que sí puede transformarse desde adentro, por ejemplo: el desarrollo del talento humano, la seguridad como eje de confianza para inversionistas y ciudadanos, y una infraestructura que requiere la economía 4.0, y que no limite la eficiencia operativa de las empresas ni la movilidad del talento.
Un nuevo pacto para una nueva era
La lección de fondo es clara: el éxito del pasado no garantiza el futuro. No porque el modelo haya fallado, sino porque el entorno que lo sostenía cambió. Hoy, es en el círculo de influencia y, sobre todo, en el de control, donde Costa Rica debe enfocar sus esfuerzos estratégicos para seguir siendo competitiva en un entorno global cada vez más desafiante.
La propuesta de valor que hizo de Costa Rica un referente global debe evolucionar para responder a una competencia más exigente, a sectores más sofisticados y a un mundo que ya no premia solo la estabilidad, sino la capacidad de adaptación.
El mundo no se detiene, se reconfigura. Y en esa reconfiguración, solo prosperan los países que aprenden a moverse con rapidez, propósito y unidad.
Costa Rica cuenta con las capacidades, el talento y el reconocimiento internacional. Lo que necesita ahora es coherencia interna, acción coordinada (público-privada) y una visión de largo plazo para seguir siendo un país pequeño con impacto global.
Marianela Urgellés es la directora general de Cinde.