
Recientemente este periódico publicó los resultados de una encuesta sobre la percepción de los costarricenses frente a la creciente inseguridad que vive el país y posibles alternativas contra ello. Los resultados son alarmantes y no debemos pasarlos por alto e igualmente debemos hacer conciencia sobre las causas que llevan a este tipo de razonamientos.
Con asombro observamos cómo más de la mitad de los costarricenses ven el linchamiento como un arma contra los delincuentes, así como que existe un creciente apoyo a la reinstauración de la pena de muerte, está aumentando la intolerancia hacia el migrante viéndolo solo como el causante de los problemas del país y, finalmente, crece un otrora pequeño número que considera que la tortura policial debe ser justificada con tal de obtener información; concepciones contundentes en un país cuya política exterior en foros internacionales es defensora a ultranza de los derechos humanos, de igual forma que critica a los países que no lo hacen. ¿A qué debemos tan sorprendentes resultados?
Causas. Si bien no comparto jamás tales actos que atentan contra el Estado de derecho y la misma estabilidad del país, no puedo tampoco culpar a las personas que sí lo hacen. Estamos en presencia de las consecuencias de años de malas o nulas políticas de gobierno con respecto al ataque frontal a la delincuencia dentro de nuestras fronteras que, en el mejor de los casos, estas son de corto plazo, apenas para mitigar un poco el creciente fenómeno de violencia que crece día a día. No solamente hemos presenciado muchas administraciones que atacan únicamente los síntomas del flagelo de la inseguridad, sino que hemos visto cómo lo hacen de forma ineficaz.
El costarricense favorece la toma de la justicia por mano propia porque no confía más en el sistema judicial, que se encuentra inmerso en leyes permisivas y contradictorias que prácticamente premian al delincuente dejándolo ir, así como un sistema penitenciario que tiene años de estar colapsado. Las percepciones del costarricense derivadas de la encuesta son simplemente lógicas.
Reformas integrales. Estos resultados solo refuerzan la sempiterna necesidad de reformas verdaderamente integrales en muchos ámbitos de la sociedad costarricense, revivir la concepción de verdaderas políticas de Estado desde la misma Asamblea Legislativa sin cortinas de humo que desvíen la atención de este problema y con ello brindar un marco óptimo para el desarrollo y la tranquilidad del país a un muy largo plazo y que el costarricense recupere la fe en ese Estado de derecho.
La encuesta lo deja claro. Urge la necesidad de cambios que ataquen verdaderamente las causas de la delincuencia e inseguridad, desde la educación como el pilar fundamental de la formación de las personas, la identificación de la pobreza como una de las causas principales de la violencia social y contrarrestarle con programas serios a largo plazo y no con políticas marginales así como, finalmente, entender la seguridad pública dentro de sus verdaderas dimensiones pero brindándole armas legales sólidas que neutralicen las consecuencias de la delincuencia, sea cual fuere el espacio donde se dé. Si debemos repetir algo de la historia, que no sea con la pena de muerte, sino cuando se podía caminar en la calle con total tranquilidad.