
Se habla y se repite de darle continuidad, a partir del año 2026, al proyecto de Rodrigo Chaves. Así lo han manifestado, entre otros, Pilar Cisneros y la candidata Laura Fernández.
Y yo lo reitero a modo de pregunta: ¿‘Continuidad del proyecto rodriguista’? La interrogante es válida y necesaria, porque no queda claro si se están refiriendo a realizaciones del gobierno de Chaves en estos tres años y medio que, dicho sea de paso, han sido mínimas y escuálidas (cuando no meras conclusiones de trabajos iniciados en el gobierno anterior), aunque sea con el pretexto, probablemente programado y conveniente para él, de que no lo han dejado hacer.
En este caso, repetimos, sería muy poco a lo que tendría que dársele continuidad. Pero si nos atenemos a la semántica de la palabra “proyecto”, entendemos que no se refiere a realizaciones, sino a proyecciones, es decir, a cosas que están por realizarse en un futuro, cercano, mediano o inclusive lejano.
Y en este caso sí parece haber proyecciones, o mejor, un proyecto fundamental que, en última instancia, se ha fijado para febrero de 2026. En esto se ha ido buena parte de esta administración; por ello, también, ha tenido más las características de una campaña política que de un verdadero gobierno.
¿Y en qué consiste ese acariciado proyecto?: en tener 40 diputados que le permitan cambiar la Constitución, eliminando o poniendo a su favor instituciones para hacer, a sus anchas, sin contrapesos ni controles, propios de un sistema democrático. Y entre ellos, como núcleo, permitir la reelección continua e indefinida. Cisneros ha sido muy clara al manifestarlo. Entonces, la palabra “continuidad” adquiere una nueva connotación: continuismo. Y ya sin ningún disimulo, estaríamos a la puerta de una buscada autocracia.
Chaves ha calificado con muy buen puntaje en el programa de las tres P que han señalado académicos de las ciencias políticas, como pasos previos para las modernas dictaduras: POPULISMO: hablar emotivamente e imitando su tono lo que un público poco crítico y molesto con el sistema quiere oír; POLARIZACIÓN: como nunca, quizás desde 1948, el pueblo costarricense ha sido llevado por discursos de odio a una peligrosa división, y POSVERDAD: se ha hecho creer, y generalizando irresponsablemente, sin pruebas concretas, que antes de él, en Costa Rica, todo ha sido corrupción y engaño. Son verdades a medias o simples mentiras (Cisneros ha dado lecciones de ello).
Ya Nayib Bukele, admirado sin reservas por Chaves, a quien este, sin ningún merecimiento, le otorga la más alta condecoración de Costa Rica, acaba de dar el último paso en ese proceso, que también dieron Ortega y Maduro. ¿Qué opinan Chaves y los que quieren continuar con “el proyecto rodriguista”, que, por su condición, tienen que estar o ser conscientes de todo ello? No así sus ciegos seguidores, a los que Chaves llama “el soberano”.
jorgeandrescamacho@gmail.com
Jorge Andrés Camacho R. es catedrático de la Universidad de Costa Rica (UCR).