Para recuperar la paz en las calles, se requiere lograrla antes en los hogares, con criterio, ejemplo, carácter y buena formación. Eso solo es posible si se propone una activa política familiar, apoyada en una estudiada y estricta propuesta social, pues se trata de eliminar un tema crítico de nuestra sociedad: la violencia. Aunque pongamos un policía en cada calle, la violencia no se detendrá, pues el problema es mucho más de fondo.
La sociedad hizo crac en su estructura de valores, cuando toleró la violencia contra los más pequeños e indefensos, incluso los que están en el seno materno.
La reciente fundación Enfoque a la Familia, del Centro Iberoamericano de Estudio sobre la Familia, forma parte de una interesante propuesta, que, desde Costa Rica, apoyará la investigación, políticas de familia y, sobre todo, alternativas de una nueva acción social, en el combate de la desintegración, que debe dar inicio en cada barrio.
El barrio tiene futuro. La experiencia no es nueva. Muchas naciones se han vuelto a ocupar de la familia en Europa. Sin embargo, en América Latina urge pensar más políticamente en este tema. Es decir, con estrategias a largo plazo, que orienten mejor a las familias y a los barrios. La violencia de nuestras calles se puede detener, pero para ello se requiere un vuelco total en la sociedad. Hay ejemplos positivos que demuestran que el cambio es posible a gran escala.
Existen ciudades como Medellín, en Colombia, y Curitiba, en Brasil, que han mostrado y hecho realidad un nuevo aire arquitectónico y humano a los ciudadanos.
La destrucción de la familia ha causado un fuerte impacto negativo en la red social, en la escuela, en el barrio y en la fortaleza de los matrimonios, además de que ha incrementado notablemente el egoísmo en vez de la solidaridad. No se trata aquí de proponer un renacer del patriarcalismo, sino de permitir a la mujer, a la familia, a los vecinos del barrio, a los jóvenes, las posibilidades de ser actores en un nuevo resurgir de la sociedad.
Ejemplo de México. México es un referente notable en la mejora de las redes sociales, en lo local; evidente sobre todo es el estado de Jalisco. Por medio de su Instituto para la Familia, DIF, que labora en todos los estados, con apoyo gubernamental, ha puesto en marcha acciones concretas y creativas, para producir primero un importante estudio sobre la realidad familiar en México, apoyado por las universidades de más prestigio. Esto se ha concretado ya en numerosos proyectos de alcance local y que conforman una red solidaria, basada en la familia, que da gran valor a la asistencia que ella necesita.
La política social en pro de la familia ha permitido allí un inteligente diálogo sobre el tema con la empresa privada y los organismos no gubernamentales.
Familias sólidas. Las causas de la crisis familiar se pueden encontrar en multitud de fenómenos, pero influyen, entre otras, la presión para la regulación de nacimientos, el envejecimiento de la población, el ingreso de las mujeres al mercado laboral, sin posibilidades de lograr una vida familiar armónica, así como la falta de formación de las mismas familias para vivir en matrimonio, que deben lograr en un ambiente más urbano y menos violento.
Existen también errores en el enfoque, al ver la familia únicamente como un problema por resolver, y no como un potencial capital social de una nación y del propio barrio.
Nuestro país debe seguir apoyando los programas correctivos para enfrentar las crisis sociales, por medio de cárcel o programas alternativos. Sin embargo, una política de familia bien llevada y pensada, ayuda a un mayor diálogo social para salir del foso de la violencia.
El ejemplo del presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, de invertir fuertemente en proyectos educativos en los barrios más difíciles para los jóvenes que han tenido altos casos de violencia, es un tema innovador, que merece también estudiarse en un congreso sobre barrios, pues estos tienen derecho a nuevo oxígeno. Se denomina “Esperanza para los suburbios”; el plan incluye el despliegue de unos 4.000 policías en los barrios más sensibles, 500 millones de euros para los transportes públicos para “sacar del aislamiento a esos barrios”, y un contrato de trabajo para más de 100.000 jóvenes en tres años. El renacer de la democracia podría estar en los líderes de barrios y en el día a día de las familias.