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Cómo pensar la política en torno a la IA

La clave es centrarse no en la tecnología, sino en los riesgos que probablemente acompañarán sus diversos usos

Margrethe Vestager es vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea.
Margrethe Vestager es vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea.

En Poznan, 325 kilómetros al este de Varsovia, un equipo de investigadores de tecnología, ingenieros y cuidadores infantiles están trabajando en una pequeña revolución. Su proyecto conjunto, Insension, usa reconocimiento facial alimentado por inteligencia artificial (IA) para ayudar a niños con discapacidades intelectuales y múltiples graves a interactuar con otros y con su entorno, y así conectarse más con el mundo. Es una prueba del poder de esta tecnología vertiginosa.

A miles de kilómetros de allí, en las calles de Pekín, el reconocimiento facial alimentado por IA es utilizado por los funcionarios del gobierno para rastrear los movimientos diarios de los ciudadanos y mantener a toda la población bajo una estrecha vigilancia.

Es la misma tecnología, pero el resultado es fundamentalmente diferente. Estos dos ejemplos encapsulan el desafío más amplio de la IA: la tecnología subyacente, en sí misma, no es ni buena ni mala; todo depende de cómo se utilice.

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