
Nuestro país atraviesa una crisis de seguridad sin precedentes. Durante el año 2024, llegamos a una tasa de homicidios de 16,6 por cada 100.000 habitantes, y al primer semestre de 2025, seguimos en torno a 16, números fríos. Pero no se trata solo de estadísticas: son vidas perdidas, familias destruidas y comunidades golpeadas con fuerza y con un dolor que ya no distingue edad, género ni lugar de residencia.
La política Costa Rica Segura Plus 2023-2030 nació con la promesa de ser una hoja de ruta integral para recuperar la paz. Sin embargo, no se lograrán resultados positivos si cada uno hala para su lado sin un plan de acción claro y una ejecución decidida por parte de todos los actores.
Mientras tanto, la violencia avanza y las organizaciones y la ciudadanía perciben una estrategia de seguridad que reacciona tarde, de manera fragmentada y sin la fuerza suficiente para contener a las mafias organizadas.
No podemos seguir atrapados en la disyuntiva de más represión o más prevención. Necesitamos ambos caminos, pero articulados con visión, coherencia y transparencia. De nada sirve levantar una megacárcel si al mismo tiempo descuidamos los barrios, las escuelas, las comunidades y los espacios donde niñas, niños y jóvenes deberían crecer protegidos y con oportunidades.
Escuchar a una comunidad pelear con un alcalde y una ONG que trabaja con la niñez y la juventud para priorizar un parque para mascotas por encima de un lugar para que las personas menores se desarrollen integralmente, no deja de ser un sinsentido.
No puedo permanecer callado ante el dolor de todo un país, por lo que hago un llamado directo al Poder Ejecutivo, a los gobiernos locales, a las instituciones descentralizadas, a los comités cantonales de Deportes, al Icoder y a las universidades públicas y privadas, para que el combate a la inseguridad no sea una tarea exclusiva de la Fuerza Pública o del Ministerio de Seguridad, sino que nos involucremos todos, el Estado y la sociedad civil, para abrir caminos a la educación integral, al escultismo y guidismo, al deporte, la cultura, la educación, el empleo y la esperanza.
Es indispensable también un proceso de formación y reeducación para las personas adultas que trabajan con poblaciones vulnerables. No basta con la buena voluntad; se requieren herramientas, capacitación y acompañamiento real para que quienes están cerca de la niñez y la adolescencia sepan detectar riesgos, fortalecer valores y ofrecer alternativas de vida distintas a la violencia.
La pregunta es sencilla pero determinante: ¿nos adelantamos y blindamos a nuestra niñez y juventud, o dejamos que las mafias organizadas les roben su presente y el futuro? Cada día que pasa sin respuestas claras, la criminalidad gana terreno, y cada silencio institucional es un espacio que la violencia aprovecha para instalarse.
Costa Rica fue reconocida por décadas como una tierra de paz. Ese prestigio no es eterno ni está garantizado. Hoy, más que nunca, necesitamos actuar con valentía, con humanidad y con responsabilidad compartida. La seguridad no puede seguir siendo un discurso; debe convertirse en una realidad que se sienta en cada cantón, en cada barrio y en cada familia.
El futuro de nuestra patria dependerá de la decisión que tomemos hoy. O nos unimos todos para defender la vida, o permitimos que la violencia siga marcando el rumbo de una nación que no se merece ese destino.
javisand@gmail.com
Javier Sandoval es consultor. Anteriormente, se desempeñó como subjefe de Seguridad Nacional Penitenciaria del Ministerio de Justicia y como presidente de la Benemérita Asociación de Guías y Scouts de Costa Rica.