
El 1.° de mayo marcó el inicio de un nuevo ciclo político en Costa Rica. Asumimos 57 nuevas diputaciones y, con ello, una responsabilidad enorme: responderle a un país que exige resultados, claridad y dirección.
Es una oportunidad para hacer las cosas bien. Para reconstruir confianza. Para volver a poner a las personas en el centro de cada decisión.
No es un momento cualquiera. Vivimos en un mundo que cambia a una velocidad sin precedentes. La inteligencia artificial, la automatización, las nuevas plataformas digitales y una geopolítica cada vez más incierta están redefiniendo las reglas del juego. Adaptarse no es opcional. Es urgente. Y, sin embargo, mientras el mundo se prepara para el futuro, en Costa Rica seguimos luchando por lo más básico.
Un joven de 16 años tiene hoy niveles de aprendizaje equivalentes a los de un niño de 9. Salir a la calle se ha vuelto un riesgo para miles de personas. Hay familias que viven con miedo dentro de su propia casa. Y aunque reconozco el trabajo serio y coordinado del OIJ junto con los demás cuerpos policiales en la lucha contra el crimen organizado, la realidad es que la seguridad sigue siendo una deuda pendiente.
En transporte, cada vez hay menos rutas de autobús, y eso significa algo muy concreto: personas que no pueden llegar a trabajar, estudiar o atender su salud. Y en la economía, aunque los números dicen que hay crecimiento, las familias sienten otra cosa: la plata no alcanza.
Entonces, la pregunta es inevitable: ¿Ese es el país que queremos? La respuesta es clara: no.
Hoy hay sectores bajo presión, como el turismo, el agro, el sector exportador, pero sobre todo hay personas bajo presión: mujeres, jóvenes, familias enteras que sienten que el sistema no les está respondiendo.
Hoy estamos enfrentando problemas del siglo XXI con respuestas del siglo XX. Las crisis internacionales afectan directamente el costo de la vida en nuestros hogares, y seguimos sin discutir cómo responder.
Pero hay caminos claros. Debemos retomar con fuerza la descarbonización, apostar por la eficiencia energética, fortalecer el teletrabajo, mejorar el transporte público y acelerar su electrificación.
Por eso, este momento exige decisiones que pongan a las personas en el centro. Desde la Asamblea Legislativa, y desde el rol que hoy asumo, ese será mi compromiso.
También es momento de asumir con seriedad el papel de la oposición. No como un espacio de bloqueo, sino como una fuerza responsable, crítica y clara en su visión de país. Por eso la fuerza de cuatro de las cinco fuerzas políticas representadas que impulsamos un acuerdo político para una gestión legislativa democrática, responsable y centrada en las personas.
Sin embargo, construir acuerdos también exige responsabilidad para dejar claras las líneas rojas. Las garantías constitucionales no son un detalle técnico: son la base sobre la que se sostiene nuestra convivencia como país. No podemos normalizar la pérdida de derechos ni acostumbrarnos a que se debiliten nuestras libertades. Cuando eso ocurre, no estamos ante un cambio menor; estamos ante una amenaza directa a nuestra democracia.
Costa Rica necesita una democracia que funcione, que respete la división de poderes y que proteja a las personas. Una democracia capaz de resolver, pero también de poner límites cuando sea necesario.
A quienes me dieron su confianza, quiero decirles algo con total claridad: no les voy a fallar. Voy a trabajar con seriedad, voy a escuchar y voy a tomar decisiones pensando en ustedes.
Aquí hay una diputada que quiere construir, debatir con respeto y llegar a acuerdos. Pero también van a encontrar claridad: claridad para defender lo que importa, para decir que no cuando haya que decirlo y para marcar los límites que no se negocian.
Porque el momento que vive Costa Rica no admite ambigüedades. Costa Rica puede salir adelante, pero necesita dirección, decisiones y coraje.
Claudia Dobles Camargo es diputada de la República y excandidata presidencial.