
Hace poco, fui a recoger una hoja de delincuencia al Poder Judicial. Entré al edificio y le indiqué a la persona a cargo, que venía a retirar el documento que había solicitado horas antes en línea. Me indicó que aún no era la hora para retirarlo, que esperara afuera hasta las 3:30 p. m.
Al salir, un hombre sentado en una silla plástica junto a la puerta del edificio, me preguntó: “¿Necesita apostillado para documento internacional?”. Le respondí que no, pues no acostumbro contratar servicios públicos de manera informal. El hombre me siguió y me insistió: “Tengo citas en la Casa Amarilla para apostillado hoy mismo”.
Aunque yo sí necesitaba el trámite de apostillado, y sé además que hay que armarse de paciencia para obtener una cita de apostillado en la Casa Amarilla, nuevamente me negué.
Minutos después, mientras esperaba que llegara la hora para que me atendieran, observé cómo una señora aceptaba la propuesta de ese mismo “gestor”. Acordaron el servicio y el precio, por lo que rápidamente el hombre le hizo señas a un taxi en la calle, y mientras le abría la puerta del taxi a la señora, le daba instrucciones al taxista sobre la entrada exacta de la Casa Amarilla donde debía dejar a la pasajera.
Luego de que se fue el taxista, el gestor hizo una llamada por teléfono para coordinar el pago con su contraparte en la Casa Amarilla: “Mae, le acabo de mandar una señora bajita, gordita, de anteojos. Ya va para allá. Sí, sí, 15.000; se deja 10.000 y me hace un Sinpe por 5.000”. Me sorprendió la naturalidad con la que organizaba el cuestionable arreglo, en voz alta y a la vista de todos. Posteriormente, el hombre continuó con su “trabajo”, buscando más personas que le reclutaran sus servicios.
Más tarde, cuando finalmente me indicaron que ingresara al edificio para retirar mi documento, una vez adentro y mientras hacía la fila, vi un rótulo que mencionaba los valores del Poder Judicial: "iniciativa, compromiso, responsabilidad, integridad, honradez y excelencia". El letrero estaba respaldado por la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia, la Comisión de Ética y Valores, y el Departamento de Prensa y Comunicación Organizacional.
No pude evitar pensar: “un rótulo más que de poco sirve”. Y es que los valores son un adorno cuando solamente están en un letrero colgado en la pared, cuando no forman parte de las decisiones e interacciones diarias.
Dado que los valores son parte integral de una cultura organizacional, para que funcionen, no basta con ponerlos en un rótulo, deben traducirse en acciones concretas. De todos los valores citados, el que más me llamó la atención fue el de integridad, ya que contrastaba con el hombre al que se le permite operar en la puerta del edificio estatal.
Si esos valores del letrero fueren realmente promovidos desde las más altas autoridades del Poder Judicial, ¿cómo entonces, en la puerta del edificio, se permite que un hombre ofrezca servicios que atentan contra la ética de la función pública?
Es por eso que las personas en puestos de liderazgo deben no solo ejercer los valores que proclaman en un rótulo, sino asegurarse de que se vivan en cada rincón de la organización y en su entorno inmediato. La cultura no se construye con letreros coloridos, sino con coherencia, decisiones correctas y el ejemplo cotidiano.
Y esto no aplica solo a instituciones de gobierno, sino a cualquier organización. Los valores dictan el liderazgo, y el liderazgo crea la cultura. Cuando enunciamos ideales, pero toleramos lo contrario, ahí nace la incongruencia que erosiona la confianza en la organización que representamos.
La integridad no puede ser selectiva ni a medias. De esa determinación depende la credibilidad de toda institución. Por eso, el papel del líder no es para cualquiera: exige una responsabilidad que va más allá de lo técnico. Y en instituciones como el Poder Judicial, esa responsabilidad es aún mayor, porque en sus manos está no solo la gestión de una organización, sino el reflejo de los principios sobre los que se sostiene la confianza del país.
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Sofía Rodríguez Beer es consultora y facilitadora en desarrollo organizacional y humano.