Darner A. Mora. 18 diciembre, 2018

Honduras es uno de los países latinoamericanos que sufre una serie de conflictos políticos y sociales, prácticamente desde hace varias décadas, pero se han agravado en los últimos 10 años y, básicamente, tras la reelección de Juan Orlando Hernández en la presidencia, en enero de este año.

En varias de mis visitas a Honduras, en los años 2016 y 2017, para trasladar la filosofía del Programa Bandera Azul Ecológica, con apoyo del Gobierno español y la Cancillería de Costa Rica, observé cómo saltan a la vista las carencias en salud, educación e inversión social.

De las crisis migratorias, ¿qué debemos aprender con humildad los costarricenses?

Un ejemplo tangible de ellas es que casi 2 millones de hondureños no tienen acceso al agua potable. La cifra equivale al 20 % de la población, y el 80 % que la recibe por cañería sufre interrupciones del servicio, como sucede en algunos barrios de Tegucigalpa, la capital, en donde el agua llega cuatro horas al día cada 15 días.

La anterior es una causa, pero son, principalmente, la violencia y la pobreza los principales motivos de la ola de migrantes hacia los Estados Unidos. Honduras es uno de los países más violentos del mundo, con 43 muertes por cada 100.000 habitantes, en donde la operación de las pandillas (maras) y la incursión del narcotráfico ha deteriorado al extremo la calidad de vida de los habitantes.

No es casualidad, entonces, que más de 5.000 hondureños salieran en caravana hace unos dos meses de la ciudad de San Pedro Sula, ubicada 180 kilómetros al norte de Tegucigalpa, tras una convocatoria masiva publicada en las redes sociales.

Un futuro mejor. A este fenómeno se unieron algunos salvadoreños y guatemaltecos. La gran mayoría de los migrantes van buscando el “sueño americano”. Es decir, trabajo y las condiciones sociales que no han tenido en su país de origen.

De las crisis migratorias, ¿qué debemos aprender con humildad los costarricenses? La respuesta es multifactorial, pero es esencial reconocer que la migración no es una decisión voluntaria, sino obligada por las circunstancias, especialmente, la falta de empleo decente y oportunidades para vivir en paz.

El acceso al agua potable y el saneamiento son determinantes de la salud y desarrollo de los pueblos y la educación es fundamental para mejorar la calidad de vida de los seres humanos, pero, sobre todo, los dictadores enmascarados en la democracia, la corrupción y el narcotráfico son ejes predominantes en la pobreza de las naciones.

El autor es salubrista público.