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Casa tomada

Dádivas, regalías, favores, amigos y amigas de los que Aristóteles jamás se atrevería a llamar virtuosos

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«Nos gustaba la casa porque, aparte de espaciosa y antigua, guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia». Así es esta, nuestra casa.








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