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Caídas, fracturas, cirugías y más ganas de seguir pedaleando

En el suelo, cuando pude reaccionar y logré tocar el hueso partido en dos, solo pensaba como cirujano: ‘Me van a operar más tarde, así que ya no puedo comer ni tomar nada de agua’

Plano cerrado de ciclista reparando llanta de su bicicleta
Desde 2016, no he tenido ninguna lesión de consideración y ando con muchísimo cuidado, con la muy grata compañía de amigos con quienes es un verdadero gusto salir a pedalear. Y debo confesar que las “cleteadas” me saben cada vez mejor. Shutterstock
Plano cerrado de ciclista reparando llanta de su bicicleta
Desde 2016, no he tenido ninguna lesión de consideración y ando con muchísimo cuidado, con la muy grata compañía de amigos con quienes es un verdadero gusto salir a pedalear. Y debo confesar que las “cleteadas” me saben cada vez mejor. (Shutterstock/Foto)

Desde que era un güila, me encanta la bicicleta. La primera que tuve fue una Caloi Cross, al estilo BMX de los años 80. Era difícil aspirar a una Chopper, porque eran muy caras. Mi mamá, haciendo un enorme sacrificio, me la compró cuando yo estaba en tercer grado de primaria y vivíamos en Alajuela.

Por supuesto, las piruetas eran lo usual y aprender a hacer los “pares” en una llanta era la ilusión de cada día. Ahí sufrí mi primera fractura de muñeca, que pasó relativamente inadvertida hasta que, una semana después, con un dolor que no se quitaba, mi mamá me llevó a Emergencias del viejo hospital San Rafael de Alajuela y terminé con un yeso de todo un mes.

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