De sonrisa amable y franca, mirada inteligente, movimientos rápidos y carácter recio. Así fue Antonio Orlich durante prácticamente un siglo de vida; parecía imbatible y, además, incansable, tanto física como intelectualmente, y por eso dedicó muchas horas diarias a sus empresas, que atendió desde que se ponía de pie en la madrugada.
Impresionante energía. Nació en 1911 en San Ramón; a los 18 años fue a estudiar ingeniería agrícola en la Universidad de Iowa, EE. UU., y culminó sus estudios con una maestría en esa universidad, lo cual era poco frecuente en aquella época. A su regreso a Costa Rica, se dedicó, con impresionante energía, a múltiples actividades agrícolas, pero especialmente al cultivo del café, en el que desarrolló técnicas innovadoras que le permitieron aumentar considerablemente la productividad de sus fincas.
Años más tarde, agregó a sus pasiones la producción e industrialización de chiles y el cultivo de melones; sus contribuciones a la agricultura de nuestro país fueron muchas y las compartió con sus colegas, particularmente con los pequeños productores.
Tony triunfó en muchos otros campos, pero en ninguno cosechó tantos éxitos como en su propia familia. Adoró a su esposa y se entregó incondicionalmente a sus cuatro hijos y a sus nietos. Familiares y amigos tienen razón en quererlo tanto, porque fue bondadoso, transparente, sincero y directo.
Sin vanidad ni arrogancia. Frecuentemente decía que él era un hombre de suerte, lo cual revela que no tuvo vanidades ni arrogancia, toda vez que, poseyendo tantos méritos, prefería decir que simplemente era un hombre con suerte. Repudió la mentira y la ostentación, y le gustaba pasar inadvertido. En política defendió con valentía lo que le parecía justo y patriótico, y sufrió persecuciones en la revolución del 48.
Fue todo un señor que honró siempre la palabra y tuvo un pensamiento emprendedor que se fundamentaba más en la intuición que en la información. Amó la velocidad y fue sumamente impaciente, y quizás por eso nunca pidió ni dio cuartel; escuchó consejos y opiniones, pero siempre decidió según su propio criterio; no se dejó confundir por las teorías económicas, sociales o políticas del momento, y sobre ellas impuso su sentido práctico.
Tony les rindió honor a las mejores tradiciones costarricenses de trabajo honrado e intenso, y se destacó por su filantropía.