17 febrero, 2010
Algo de historia reciente - 1
Algo de historia reciente - 1

Pasadas las elecciones del 7 de febrero último, algunos comentaristas han interpretado su resultado como un desplazamiento hacia la derecha de la política costarricense. También se ha indicado que, en este nuevo orden, el PAC es de centro-izquierda, el PLN de derecha y el Movimiento Libertario (ML) de extrema derecha.

De estos planteamientos, el que se puede rebatir más rápidamente es la reciente derechización de la política costarricense. En efecto, fue en 1984 cuando, en el gobierno liberacionista de Luis Alberto Monge (1982-1986), se fortaleció un sector de políticos, empresarios y economistas, comprometido con la liquidación del llamado Estado empresario, la liberación financiera y la reorientación de la política económica.

Capitalismo corporativo. Para este sector, decisivamente respaldado por la AID, lo fundamental era apoyar a las grandes empresas exportadoras –capitalismo corporativo– que recibieron diversos tipos de beneficios fiscales, como los CAT. Al mismo tiempo, el gasto social del Estado se reducía (el correspondiente a educación, como proporción del PIB, apenas se ha aproximado, en años reciente, al porcentaje que tenía en 1978).

El gobierno de Óscar Arias (1986-1990) profundizó este nuevo modelo, en particular al reducir o eliminar los subsidios para la producción agrícola orientada al mercado interno. La concepción de la sociedad que animaba este cambio fue bien expresada por el presidente del Banco Central, Eduardo Lizano, al señalar que un trabajador bien pagado era mejor que un agricultor empobrecido (casi una inversión en los términos de lo que Luis Alberto Monge expresara en 1961).

Buena parte de la nueva política económica del PLN era compartida por el PUSC, con una diferencia fundamental. Para los visionarios del PUSC, debilitar o reducir la participación estatal, incluso en áreas estratégicas (salud, educación, seguridad, obras públicas, seguros, energía y comunicaciones, entre otras), era esencial para promover nuevas formas de acumulación de capital.

A esta radicalización del modelo se sumó el único gobierno liberacionista del período 1990-2006, el de José María Figueres Olsen (1994-1998), que cerró los ferrocarriles y el Banco Anglo Costarricense.

Los costos de este modelo de desarrollo, en términos de corrupción, inseguridad, desigualdad y deterioro de la infraestructura pública, son de sobra conocidos para la ciudadanía.

La campaña electoral de 1993-1994 demostró que, dado el descontento existente con dicho modelo, era políticamente rentable asumir una posición en contra. Este incentivo institucional contribuyó a la formación del PAC, un partido inspirado en el programa nacionalista y de fomento a los pequeños y medianos productores que defendió el PLN en los treinta años posteriores a 1948 (programa que, entre otros fines, se proponía reducir al mínimo el apoyo político que tenían los comunistas).

El hecho de que tanto en el PAC (como en la lucha contra el TLC) se integraran reconocidas figuras del PLN y del PUSC, que participaron en los Gobiernos de esos partidos que impulsaron el modelo de desarrollo que ahora critican, constituye un apropiado recordatorio del peso que el cálculo electoral y la flexibilidad ideológica tienen en la política costarricense.

Por tanto, en vez de definir al PAC como de centro-izquierda, sería más apropiado referirse a él como un partido más inclinado hacia el capitalismo de pequeños y medianos empresarios que hacia el capitalismo corporativo, con el cual el PLN se identificó desde mediados de la década de 1980.

Al igual que el PAC, cuyo referente es el período anterior a 1978, el Movimiento Libertario también es un partido vuelto hacia el pasado, aunque un pasado más inmediato.

Su objetivo básico es continuar con el programa del PUSC, de debilitar y reducir el Estado, incluidas áreas estratégicas. No hay nada nuevo en esto, excepto que, a diferencia del PUSC, el Libertario carece del capital simbólico de la reforma social de la década de 1940 para darle una atractiva cobertura ideológica a ese programa.

Futuro limitado. De cara al pasado, el PAC y el Movimiento Libertario parecen tener un futuro político limitado.

En el caso del PAC porque, precisamente como no es un partido de centro-izquierda, algunos de los contenidos más atractivos y viables de su programa pueden ser llevados a cabo por el propio PLN (sin poner en peligro los intereses del capitalismo corporativo).

El Movimiento Libertario, a su vez, persiste en realizar algo que el PUSC no logró debido a los límites que la sociedad civil y la institucionalidad democrática han puesto a los procesos de privatización.

Los negociadores del TLC tuvieron claros estos condicionamientos y, en vez de apostar por las privatizaciones, lo hicieron por las aperturas, con lo que el Estado costarricense mantiene una importante presencia en áreas estratégicas de la economía.

Así, definir al Libertario como un partido de extrema derecha supone acentuar una diferencia innecesaria e injustificable con respecto al PUSC, en razón de las convergencias que existen entre ambos partidos.

Izquierda débil. Por último, está el asunto de la izquierda. Sin duda, una de las peculiaridades de Costa Rica en los últimos 30 años ha sido que, pese a los importantes movimientos sociales que el país ha experimentado y al creciente descontento con el modelo impulsado por el PLN y el PUSC, no hubo un giro del electorado hacia la izquierda.

El que algo así no ocurriera probablemente se relaciona con el tradicional conservadurismo político de la sociedad costarricense. No obstante, la izquierda misma se ha encargado de debilitar o destruir sus posibilidades de crecimiento electoral, al desgastarse en amargas luchas internas y al ser incapaz de capitalizar políticamente las movilizaciones contra el “combo” del ICE o contra el TLC, por citar solo las más recientes.

En vez de estudiar con la debida seriedad los cambios en la política costarricense de las últimas décadas, para enfrentar mejor a sus adversarios, la izquierda se ha quedado precisamente en la denuncia fácil (del tipo: el gobierno de Arias es una dictadura), que tiene escasa repercusión en un electorado cada vez más diverso y complejo.

En fin, al empezar la década del 2010, la política costarricense ofrece un escenario curiosamente multipartidista, en el que confluyen el pasado (PAC) y el presente (PLN) del liberacionismo, y el presente (Movimiento Libertario) y el pasado (PUSC) del socialcristianismo.