
Todavía le llamamos “la calle ancha”, aunque se cruza de un lado a otro en seis zancadas. Por muchos años, fue la pista de entrenamiento de los manudos, antes de que inauguraran el Polideportivo o abrieran los gimnasios. Alajuelense que se respetaba le daba la vuelta a la calle ancha si quería bajar kilos o mantenerse en forma.
Para Alajuela, no solo es un referente geográfico, sino también un marco mental de identidad. Por casi dos siglos, ese casi cuadrado que encierra la ciudad y que, en su origen, sirvió como “calle ronda” para vigilar su límite, marcó una frontera de identidad para los alajuelenses.
Cada uno de los lados tenía su sello propio. Uno que quedaba claramente definido por las paradas de bus, cuando en la década de los 70 y parte de los 80, unas “cazadoras” que daban la vuelta por dicha vía, pasaban primero por la iglesia de la Agonía (en el costado este del cuadrante) continuaban hasta la parada en el hospital (en el sector norte) y avanzaban hasta el cementerio (en el sector oeste). Así, el rótulo que marcaba el recorrido de los autobuses decía claramente: “Agonía, hospital, cementerio”.
Yo he vivido muchos años en el sector este de dicha calle, donde está la iglesia la Agonía y, a pocas cuadras, también el Estadio Alejandro Morera Soto. Ese hecho particular se presta, muy a mi pesar, para que los saprissistas nos vacilen y digan que cuando Saprissa va a jugar al estadio manudo, a donde van en realidad es hacia la Agonía de Alajuela.
En ese mismo sector, pero unas ocho cuadras al sur, está la emblemática casa de Pollo Macho, personaje alajuelense que tristemente nos dejó hace no muchos años. Famoso por tener tantas propiedades en la ciudad, dio pie al conocido chiste de que, cuando le preguntaban si era de Alajuela, respondía: “No, señor; Alajuela es mía”.
La casa de Pollo Macho es todo un referente hasta para los choferes de bus de Tuasa, en su ruta San José-Alajuela. Haga la prueba: vaya a la parada de Alajuela en la Merced, en la capital, y pregunte: Señor, ¿usted pasa por la casa de Pollo Macho? Y el chofer le va a entender perfectamente que usted necesita tomar los buses que van por el INVU, y no los que van por la radial.
Es inevitable que la emblemática casa de don Fernando Chavarría, nombre real de Pollo Macho, sea un sitio de referencia, porque es una propiedad que abarca muchas cuadras. Los más viejos del barrio vimos transformarse la tapia a lo largo de las décadas, según la percepción de seguridad que hemos tenido en los últimos años. En los 70, la propiedad se separaba de la calle con postes de concreto y alambre de púas.
En los 80, se cambió la cerca por tubos delgados de metal que permitían incluso que los venados que tenía Pollo Macho sacaran la cabeza para que los caminantes los acariciaran, mientras contemplaban unos cisnes bañándose en un pequeño lago o admiraban a un pavo real encaramarse a un árbol de guanacaste. Esa casa era el zoológico exótico no oficial de la ciudad.
Ya a finales de los años 90, se agregaron láminas metálicas que eliminaron la visibilidad hacia el interior de la propiedad. De esta manera, la casa de Pollo Macho ha sido un termómetro de cómo los alajuelenses hemos percibido nuestra seguridad a la hora de exponer las propiedades hacia la acera.
Aun así, de vez en cuando, el realismo mágico irrumpe todavía y atraviesa las barreras con las que los piñuelas nos hemos intentado aislar. Quien les habla fue testigo, en dos ocasiones, de un espectáculo de animación en 4D que ya se lo desearían en Disney.
Enfrente de la casa de Pollo Macho, hay un restaurante chino que se llama El Pavo Real. Una vez, sobre el rótulo del restaurante, se paseaba con altivez y elegancia un ave que hacía honor al nombre del negocio, para deleite de los transeúntes. Y es que, en más de una ocasión, los pavos reales alzan vuelo. Al patio de mi casa llegó uno de color blanco. Lo notificamos a la familia Chavarría, lo que motivó el envío de una cuadrilla de trabajadores para capturar y poner a buen recaudo el ave, pues el espécimen valía sus buenos miles de pesos.
Pollo Macho también fue la causa de un apodo para el barrio. Durante muchos años, se conoció al sector como “La Granja”, porque frente a Pollo Macho vivía el Pollo Ávila y, a 100 metros, estaba la casa del Gallo Más Gallo. Sin contar que, muy cerca, también vivía Polla Negra.
Algo más sobre la Calle Ancha. Mi generación, nacida en 1973, cuando se dirigía de la Agonía a la catedral decía: “Voy para el centro”, pero mis papás y abuelos decían: “Voy para abajo”.
Al parecer, hay una leve inclinación, ya casi imperceptible en el presente, entre la zona del parque Central y el sector este de la calle ancha. Si existe o no, es más un asunto de percepción que de topografía. Y, hablando de percepción, Pollo Macho sigue siendo motivo de apodos en mi barrio. Un centro comercial que construyó este personaje tiene por nombre oficial Plaza Real, pero en Alajuela todo el mundo prefiere llamarlo “Pollo Mall”. Cosas de la calle ancha.
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Rodolfo González Ulloa es periodista, investigador histórico, docente y cuentacuentos.
