
Hoy conmemoramos el 200.° aniversario del nacimiento del Presidente Abraham Lincoln. La ocasión se celebrará en Estados Unidos con un homenaje especial en nuestro Congreso. El Presidente Barak Obama presentará una ofrenda floral en el Monumento a Lincoln, en Washington, y se realizarán incontables actividades en todo el país.
Lincoln ha sido todo un icono estadounidense desde su trágico asesinato, ocurrido hace casi 150 años. Él se levantó de la pobreza hasta convertirse en Presidente, terminó con la esclavitud y salvó a la Unión al dirigir el país durante la Guerra Civil.
Sin embargo Lincoln, más que cualquier otro Presidente de Estados Unidos, es también una figura global, admirada alrededor del mundo.
El novelista ruso León Tolstói lo llamó “un humanista tan amplio como el mundo”. En Latinoamérica difícilmente existe un país que no posea una estatua de Lincoln, una escuela llamada Lincoln o una calle con el nombre Lincoln. Costa Rica posee dos escuelas Lincoln, y el presidente Óscar Arias se ha referido en varias ocasiones a la sabiduría y valentía de nuestro decimocuarto Presidente.
Lincoln fue un prolífico pensador y escritor, y un ávido estudiante de historia y política. Para él, el significado de la Guerra Civil puede ser mejor comprendido en el contexto de los acontecimientos del mundo.
Lincoln creía en los ideales de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, “que todos los hombres fueron creados iguales y están dotados por su creador con ciertos derechos inalienables, dentro de los cuales se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Él vio estos ideales como aplicables a todos los hombres.
En 1861, mientras visitaba el sitio donde se firmó la Declaración de Independencia, habló acerca del documento que le daba “libertad no solo a los ciudadanos de este país, sino, espero, al mundo en los tiempos que están por venir. Esta declaración dio la promesa de que, en su debido momento, el peso sería levantado de los hombros de todos los hombres”.
Fe en la democracia. Para Lincoln, el resultado de la Guerra Civil tenía importancia más allá de las costas de Estados Unidos. El temía que, si el experimento de la democracia fallaba en su país debido a la Guerra Civil, entonces otras naciones perderían la fe en la democracia como modelo.
Lincoln le dijo al Congreso, en 1862: “Debemos con nobleza salvar o con amargura perder, la última mejor esperanza de la tierra”. Al año siguiente, en el discurso de Gettysburg, él resolvió que “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no debe perecer de la faz de la tierra”.
No había ningún indicio de triunfalismo en las palabras de Lincoln. Él no estaba diciendo que Estados Unidos debía imponer sus ideas a otros países. Por el contrario, creía que su país estaba encargado de perfeccionar la democracia, de tal manera que sirviera de ejemplo para otros. Lincoln dijo sobre la esclavitud: “La odio porque despoja a nuestro ejemplo republicano de su justa influencia en el mundo”.
Mientras preparaba una biografía póstuma sobre Lincoln, su secretario privado, John Hay, escribió al coautor y compañero secretario John Nicolay que debían tratar de ser objetivos con una sola excepción: “somos hombres Lincoln de un extremo a otro”.
Hoy, cuando celebramos la causa de la libertad, el derecho a elegir a nuestro gobierno y a salir adelante en la vida por nuestras habilidades innatas y esfuerzos, somos todos hombres y mujeres Lincoln.
¡Feliz cumpleaños, señor Lincoln!