
Para Óscar Arias, la paz sigue siendo su materia preferida; no se cansa. Ha luchado por ella, porque es una aspiración natural de todos los pueblos del orbe.
Su más reciente cátedra sobre el tema la dio hace unos días en el espacio Conversatorios en Casa de América, con Julio Somoano, en Televisión Española (TVE). Treinta minutos fueron suficientes para que reiterara su firme convicción según la cual es más fácil hacer la guerra, pero la paz, como la democracia y la libertad, aunque no sean fáciles, son necesarias.
La entrevista es polémica porque él es polémico. Las ideas que expresa no son populares, van contracorriente. “Hemos vivido durante más de 2.000 años bajo la máxima romana de que si quiere uno vivir en paz, debe prepararse para la guerra. Con todo el respeto para los romanos, no he escuchado algo más idiota que eso”, sentenció.
Me gusta el periodismo español, soy seguidor de los programas de TVE y esta conversación de Somoano con Arias, difundida el 10 de octubre, es digna de apreciar como muestra de buen periodismo.
El periodista habló apenas lo necesario, pero le dio las pautas al Premio Nobel para disertar sobre la paz y compartir algunos datos inéditos. El anfitrión hizo bien la tarea, porque se había leído Páginas de mi memoria, el más reciente libro autobiográfico de Arias, editado por la EUNED.
Arias llegó ataviado completamente de negro, pero con sus ideas más claras y más consistentes. A sus 85 años, habló con precisión, mantuvo el tono de voz apropiado y dio muestras de su erudición.
La entrevista se realizó el 24 de setiembre pasado, cuando el exmandatario visitó Londres y Madrid para impartir conferencias en varias universidades e inaugurar el año académico de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, donde pronunció un discurso titulado “En tiempo de guerra, la ley debe hablar”.
¿Qué cuenta en su libro? “Un poco de mi vida en la vida pública, mi paso por la política en Costa Rica, pero también todas las cosas que hice. No quiero sonar presuntuoso, pero hice cosas inéditas: me fui a vivir un tiempo al África Subsahariana para tratar de abolir ejércitos, sin ningún éxito. Era una idea a la cual no le había llegado la hora para aquel entonces, pero ya había logrado abolir el ejército en Panamá con los panameños, cuando reconocí al presidente Guillermo Endara, tras el bombardeo de Panamá. Yo decidí ser el primer país en reconocer al gobierno de Endara con esa condición de abolir el ejército.
“Después, con el presidente Jean-Bertrand Aristide, en Haití, abolimos el ejército, aunque en Haití no modificamos la Constitución, porque no hubo voluntad de parte de los diputados. En Panamá sí; por eso, Costa Rica y Panamá tienen la frontera más segura del mundo, por ser dos países sin ejército”.
Para Arias, muchos siguen interesados en promover la guerra. “Siempre aparecen armas para todas las guerras, para Gaza, para Ucrania, para donde sea; pero lo que no van a aparecer, cuando se acaben, son los planes Marshall; eso no habrá en estos tiempos. A nadie la va a interesar reconstruir Ucrania ni Gaza, pero sobran armas para continuar peleando”.
Al comentar sobre la situación actual en el área, Arias dijo que ya no nos matamos por razones ideológicas; que lo que hay son democracias vulnerables y candidatos que, al llegar a la presidencia, quieren terminar con la división de poderes de Montesquieu; debilitar el Poder Judicial, la prensa y el Congreso, y acaparar más poder.
Entonces, continúa Arias, las democracias se convierten en autocracias cuando quien gana las elecciones procura modificar la Constitución para perpetuarse en el poder; quiere acabar con la libertad de prensa y considera a la prensa su enemigo; no acepta la crítica y solo busca los elogios, y no acepta que el adversario es eso –adversario, pero no enemigo–y actúa como si no supiera que la democracia es un sistema de acuerdos permanentes en el que se requiere humildad, porque hay que ceder para alcanzar acuerdos.
“Uno no siempre puede imponer sus ideas; a veces tiene que transigir, aceptando las ideas del otro para poder llegar a acuerdos. Eso es la característica de la democracia, el pan de todos los días. Pero esto no es aceptado por algunos presidentes o gobiernos que quieren imponer todo y, entonces, el adversario se convierte en enemigo. Por eso, estos líderes mesiánicos, como Hugo Chávez, Rafael Correa y Jair Bolsonaro, son un peligro para el futuro democrático de nuestra América Latina. Y Costa Rica no está exenta de ese peligro”, advirtió.
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Rogelio Benavides es periodista.