Félix Arcadio Montero, político costarricense de la segunda mitad del siglo XIX, nació en una familia pobre de Santo Domingo de Heredia, pero, gracias a su voluntad, inteligencia y espíritu de sacrificio, se superó para llegar a la cima de lo que sería su calvario.
Incansable, honesto e indomable, dio la vida por sus ideales, ayudando a forjar la patria que amaba. Luchó sin traicionar valores ni medir sufrimientos, por la legalidad, la libertad, la igualdad, la fraternidad, el derecho y la justicia, por la seguridad, la propiedad, la tolerancia y la moral, por la superación humana y la civilización. Luchó contra el cierre de la Universidad de Santo Tomás, de la que fue el último rector, y pese a su valiente lucha, Costa Rica se quedó sin universidad por más de medio siglo. Como diputado luchó por el sufragio libre y directo, por el orden constitucional, contra la clausura del Congreso, y, por eso, lo encarcelaron y expulsaron del país.
Legalidad y democracia. Al regreso del exilio, fue candidato presidencial y, aunque no ganó, se convirtió en caudillo muy popular. La lucha por la legalidad y la democracia le ganó enemigos, sobre todo entre los gobernantes. Preso de nuevo, después de varios meses en una especie de jaula para criminales peligrosos, fue expulsado del país. Murió en el exilio. Mis abuelos decían que fue asesinado.
Expuso su pensamiento en el periódico El Heraldo y en el Independiente Demócrata, llamado el periódico "monterista". Muy influenciado por el liberalismo francés, Montero muestra interés por las clases trabajadoras, obreros, artesanos y campesinos, que es tal vez lo que ha llevado a algunos a tener una falsa imagen de su pensamiento.
El historiador, Vladimir de la Cruz, en su libro Las luchas sociales en Costa Rica, después de una serie de citas históricas, tomadas en su mayoría de los periódicos mencionados, llega a conclusiones falsas. Me interesa subrayar su "conclusión": "del robo que significa la plusvalía". Esto significaría que la distribución del ingreso entre factores de producción diferentes al trabajo es un robo; si fuera un robo esta remuneración al propietario de maquinarias, edificios, tierras, patentes, etc., entonces la propiedad privada de estos factores en sí sería maligna.
Metodología marxista. A esa "conclusión" llega don Vladimir después de eliminar citas históricas, como las que aparecen en el Independiente Demócrata (21/9/1893) y en El Heraldo (13/7/1893), donde el Partido Independiente Demócrata, del que don Félix era jefe y fundador, expresa claramente que reconocerá y sostendrá "la propiedad contra el robo y la usurpación". Además, mutila (pág. 42 del libro) el texto original que aparece en El Heraldo (6/7/1893), al quitar la referencia a la propiedad y el concepto de movimiento que debe tener.
Hay que tener mucho cuidado. Una cosa es decir que existía una clase de "aristócratas" que le robaba el trabajo al pueblo, lo que fue preocupación para muchos liberales de la época, y otra es aceptar la filosofía marxista de no remunerar la propiedad y ver la plusvalía como un robo.
Esta extraña metodología de escoger a gusto citas bibliográficas y mutilar otras, a fin de "probar" cualquier prejuicio que el historiador tenga, debería ser motivo de reflexión. El historiador tiene una gran responsabilidad, no puede darse el lujo de encasillar a la fuerza dentro de su concepción a ciertos personajes o situaciones históricas.