Entendí esto al leer el diario de uno de los mejores hombres del siglo XX: John Rabe. Nació en Hamburgo en 1882 y no pasó más allá de la secundaria porque la muerte prematura de su padre lo obligó a trabajar. Se unió a la compañía Siemens y fue su representante comercial en Nanking, entonces capital de China.
Rabe era sencillo y práctico. Hablaba alemán, inglés y francés, pero pasó 30 años en China y no pudo aprender chino. Le interesaba muy poco la política y en 1934 se unió al partido nazi con el fin de facilitar sus gestiones para construir una escuela alemana en Nanking (no tenía interés personal, pues sus hijos ya eran adultos). Aun a riesgo de su vida, salvó a 250.000 personas. Al terminar la Segunda Guerra Mundial pasó grandes penurias por su asociación con el partido nazi.
En 1937 el Ejército Imperial del Japón se disponía a tomar Nanking. Los que tenían los medios huyeron, incluyendo los funcionarios chinos a cargo de la ciudad. Quedaron solo Rabe, otros 20 extranjeros, algunos soldados chinos y la población más pobre de Nanking. Rabe pudo huir, pero se quedó "para proteger los intereses de Siemens". Tenía 55 años, era diabético y dependía de la insulina. Su esposa estaba a salvo en Peitaiho.
Rabe movilizó sus influencias para conseguir medicinas y alimentos y para crear una zona de seguridad donde la población civil se refugiara. Cuando las tropas japonesas ingresaron a la ciudad, él era la única autoridad civil en Nanking. Vino entonces lo que los historiadores han llamado "la violación de Nanking". Los soldados japoneses desataron una campaña de terror, saquearon e incendiaron la ciudad, asesinaron a los hombres a balazos, con bayonetas o los decapitaron con sable y utilizaban los cuerpos para práctica de esgrima. Las mujeres fueron violadas y mutiladas. Cientos de miles de indefensos murieron, pero 250.000 sobrevivieron porque Rabe los protegió. Unas 600 personas se refugiaron en la casa de él. En muchas ocasiones, Rabe arriesgó su vida al enfrentarse a los japoneses para evitar violaciones y asesinatos. Alemania era aliada de Japón y su ciudadanía alemana e insignias nazis lo protegieron. Hasta que el dinero se acabó, Rabe siguió pagando salarios a los empleados chinos de Siemens.
Detenido por la Gestapo. En 1938, Rabe, por órdenes de Siemens, clausuró las oficinas en Nanking y regresó a Alemania. Para entonces lo peor de las atrocidades había pasado y la ciudad tenía un gobierno autónomo. Rabe se esforzó ingenuamente por informar a Hitler de las atrocidades cometidas por el ejército japonés y la Gestapo lo detuvo por difundir información contraria a los intereses de un aliado de Alemania.
Después de la guerra pasó grandes privaciones. En 1945 se vio obligado a cambiar, entre otros objetos, su estatua de Kuanyin, diosa de la compasión, por un saco de papas. Acabó sus días en 1949, como modesto empleado de Siemens en Berlín.
Los diarios de Rabe, redescubiertos en 1996, muestran a un hombre cuya ambición era, simple y llanamente, la de ser un buen hombre de negocios alemán. Muy aficionado a gastar bromas y contar chistes, eficiente, diplomático, siempre justo en sus apreciaciones, arriesgó la vida en Nanking porque creyó que era su deber. En una ocasión los refugiados a quienes salvó le entregaron un pergamino con la incripción: "Es usted un Buda viviente para cientos de miles de almas".
(*) Universidad de Harvard