La drosófila (mosca del banano) es un organismo que ha ayudado mucho al avance de la ciencia. En particular contribuyó al descubrimiento del “plan del cuerpo” en los animales. Una estructura repetitiva de su larva, llamada “disco imaginal”, es capaz de dar origen a otras estructuras que las que normalmente produce si es artificialmente traslada- da a otro sitio del cuerpo.
Así, por ejemplo, donde esperábamos una antena, obtendremos una pata, o donde esperaríamos un ojo, podremos obtener el órgano genital. Al trasladar un pedazo de material (ese disco imaginal) a otro lugar relativo dentro de la larva, en algunos casos el material se impone al lugar para determinar el resultado; en otros casos, ocurre lo inverso: el lugar se impone al material. Ciertamente ha sido posible establecer mapas de estas curiosas transdeterminaciones indicando cuáles transformaciones son posibles y cuáles no.
Genes homeóticos. Experimentos de este tipo llevaron al descubrimiento de los llamados “genes homeóticos”, que constituyen los guías del desarrollo y representan el marco físico fundamental del organismo. La drosófila tiene dos complejos homeóticos: torácico y abdominal. El orden de los genes sigue el orden anteroposterior de la larva. Existe un gen para cada segmento, a partir del primer segmento torácico. Si cualquiera de los genes falta, la estructura siguiente será repetición de la anterior. El segundo segmento torácico es el “valor de omisión”, y produce alas y patas. El respectivo gen se considera el ancestral, del cual han debido surgir los otros por simple duplicación, uno de los medios más simples de que la evolución se vale para ampliar los genomas, de naturaleza puramente mecánica.
Los genes homeóticos tienen todos una caja HOX, formada por 160 pares de bases que codifican para un dominio proteico de 60 aminoácidos. Este dominio controla el desarrollo mediante una “cascada de expresión” (un gen que produce una proteína que controla un gen que produce una proteína, etcétera).
Todos los insectos tienen secuencias homeóticas parecidas a las de la drosófila. Las cosas van aún más lejos: un sistema de patrones de expresión, que comprende los genes de la caja HOX y otros semejantes, codifica la posición relativa de las partes del cuerpo en todos los animales. Evidentemente, este sistema es muy antiguo y tiene que haber figurado en el antepasado común a todos los organismos de este reino. Por ello, J. M. W. Slack y sus colaboradores han propuesto llamarlo “zootipo” y tomarlo como criterio para decidir si un ser vivo es o no un animal. Lejos de probar una intervención sobrenatural en el curso de la naturaleza, su existencia es uno de los tantos elementos que confirman la evolución de las especies por el simple mecanismo físico de la selección natural.
Agradezco al Dr. Pedro León haberme permitido asistir a su seminario graduado de genética, de cuyos apuntes he extraído estos conceptos para ayudar a los lectores de La Nación a seguir una polémica actualmente en curso en Foro y en su Página Quince .