En busca de una tostadora de pan, concurrí, para Navidad, a uno de esos establecimientos en los que se puede comprar desde una excavadora hasta una caja de pañuelos, y no pude sustraerme al vicio de andar revolcando libros cada vez que los veo ordenados en un estante: en efecto, en aquel lujoso galerón los libros son una mercadería que en nada difiere de los aparatos "made in China" diseñados para cortar el césped exactamente tres veces antes de que se rompan y una empleada displicente nos informe de que "no hay repuestos para ese chunche". Digresión: la palabra 'chunche' no aparece en la última edición del Diccionario de la Real Academia Española, hecho que no tiene mayor importancia: en primer lugar, todos los mayores de 50 años sabemos qué significa 'chunche' y, por otra parte, todos los menores de 50 se esfuerzan exitosamente por hablar como lo hacen los cubanos de los suburbios de Miami y, ya lo sabemos, ellos no usan la palabra 'chunche' ni para apodar a los futbolistas llamados Montero.
El caso es que, tostadora en mano, tomé de un estante el libro titulado Carta al ciudadano 6.000 millones, que data de 1999 y está integrado por una docena de textos escritos por igual número de autores(as), de los(as) cuales seis me eran familiares: Ariel Dorfman, Buchi Emecheta, Eduardo Galeano, György Konrád, Salman Rush- die y Dubrodka Ugresic. El precio del tomo de 140 páginas es ridículamente bajo, lo que me hizo comprar dos ejemplares con el fin de agregarle uno a un regalo de cumpleaños y, más tarde, sentirme menos mezquino porque leí en los créditos que "parte de los beneficios obtenidos de este libro se destinarán al Fondo de Población de las Naciones Unidas".
De millón a billion. No voy a referirme ahora al interesante contenido de la obra, sino a un par de trivialidades relacionadas con su título. La edición inglesa, al parecer simultánea con la española, se titula Letters to the Sixth Billionth World Citizen, y en ambas se advierte que el ciudadano seis milmillonésimo del mundo nacería en octubre de 1999.
La casualidad hizo que el pasado 11 de enero viera, en uno de los noticiarios de la televisión local, un corto reportaje -más corto que el dedicado al último gol de Ronaldo ¿o será Ronaldinho?- sobre el nacimiento, supuestamente en estos días, de ese pasajero número seis mil millones de la nave Tierra. Aparte de que los periodistas autores del reportaje llevan seis años de atraso informativo, llama la atención el hecho de que la locutora dijera, una y otra vez, que "la Tierra ha pasado a tener seis billones de habitantes".
A pesar de las tesis educativas del presidente Pacheco, según las cuales a los jóvenes no hay que torturarlos con la enseñanza de lo que tenga que ver con números, las maestras y los maestros de Costa Rica se empeñan año con año en enseñarle a nuestra juventud el sistema numérico español, en el que lo correcto es que los períodos de tres cifras enteras se separen con un punto (como en el título del libro que comento) y en el que un billón es un millón de millones, o sea, una cantidad que se representa con un 1 seguido de doce ceros.
De un "lenguazo". El punto es que, de un plumazo o, mejor dicho, de un "lenguazo", el periodista y la locutora desarticularon el esfuerzo de nuestros docentes y, tal vez sin quererlo, le dieron gusto a don Abel. En efecto, lo que ellos querían comunicar -tardíamente, repito- era que el número de seres humanos que vivimos actualmente en la Tierra (incluidos los infrahumanos que no piensan como piensan los que mandan en el mundo) ya llegó a 6.000.000.000; pero en su ligereza lo que hicieron fue afirmar que en el planeta hay 6.000.000.000.000 de animales pensantes. Es como si los editores españoles del libro mencionado supra lo hubieran titulado servilmente Cartas al ciudadano seis billones del mundo.
Existe un acuerdo internacional que establece el término millardo (milliard en inglés y francés, Milliarde en alemán, etc.) para designar la cantidad de mil millones. Billón o billion sigue siendo un millón de millones, y en los diccionarios de la lengua inglesa (Webster´s, por ejemplo) se indica que eso cuenta también para el inglés británico, aunque, naturalmente, en Estados Unidos, donde los acuerdos internacionales suelen servir para limpiarse las narices, la burra no se mueve y "nosdalaganicamente" one billion significa mil millones.
Pese a todo, pudimos recuperarnos del susto que nos llevamos al escuchar que somos seis billones: estaríamos unos encima de otros, como en ciertas estampas religiosas alusivas al infierno.