Ese sería el título literal de la novela de Jersy Kosinski, traducido entre nosotros de manera sugerente como Desde el jardín. Escrita en 1970 para un lector norteamericano, la obra mantiene virulenta actualidad también entre nosotros. El protagonista Chance, desde su infancia no tan tierna, vio su mundo físico y mental regido por dos esferas, un jardín cerrado del que no ha salido y un televisor que es su única ventana al mundo y patrón de conducta. Genial resulta el desenmascaramiento de los obsesivos de la pantalla chica.
La oportunidad sirve también para enderezar un entuerto por problemas de traducción a partir del clásico de Negroponte. En su versión inglesa, desde el mismo título, se percibe la relación, aunque no explícita, entre la novela y el ensayo: de Being there, del novelista, a Being digital, del gurú de la técnica comunicativa, surge un sugerente puente asociativo. Ambos encabezados se refieren al "estar atento". Sólo por error se traducen y se consideran como llamados a confundirse con algo, lo televisivo o lo digital, según el caso. "Estar sobre la jugada" o "Atención a lo digital" serían, respectivamente, títulos válidos para esas obras. Ahora bien, contrario a interpretaciones un tanto ligeras que se hicieron en esta página, el ensayo no proclama en ninguna parte que debemos transformarnos en digitales. El autor no pretende ser portavoz de ninguna revolución --esta vez negra--, como con la "biblia" roja de Mao. Al contrario, estaría de acuerdo con la aseveración escueta de Carlos Cortés: "mundialización es cuando tengo fax, computadora multimedia, e-mail, televisión con 40 canales, beeper, teléfono celular, &...; y con todo eso (no) llego hasta vos". Lo digital es sólo un medio. El director del MIT sabe que lo virtual no se confunde con la realidad; el personaje de la novela no sabe separar estos ámbitos.
No tiene la culpa. Volviendo a la obra artística de Kosinski, esta se aplica también de maravilla en el nuevo contexto polémico en torno a las virtudes y los peligros de la autopista informativa&...; A propósito de la pornografía en este último medio Juan Fernando Lara señalaba acertadamente: "En internet se hallan informaciones que pueden resultar aburridas, obsoletas, literariamente malas o plagadas de defectos lingüísticos; pero nadie se plantea censurar eso. Surge entonces la pregunta: ¿es el conflicto de Internet&...; o el sexo es un problema en sí mismo?" (La Nación, 29-06-98). La tecnología comunicativa (en este caso, la televisión), sin ser neutra, no tiene la culpa acerca de cómo emisores y receptores la utilicen.
A falta de diálogo y frente a tanta contaminación visual, en el caso de la "caja idiota", las opciones para el receptor consisten en apagarla o cambiar de canal. Chance anticipa literariamente el espectador tipo "hoja en blanco" o "esponja", que abunda ahora, sin voluntad para seleccionar programas y sobre todo imposibilitado para estructurar lo visto dentro de un mundo propio y coherente. En los dos encuentros sexuales que se le presentan (pese a haber tenido un amplio espectro de muestras virtuales, incluyendo cierta pornografía), el protagonista se muestra incapaz de reaccionar como adulto libre.
La perspectiva del usuario. Internet tiene en potencia una repercusión mayor. Imaginemos que Chance, aparte de un televisor (o en vez de la llamada "chupeta electrónica") tuviera acceso a la red. Este recurso aventaja a la TV en que el usuario tiene un papel más activo, con el ratón que sustituye al control remoto. Uno puede seleccionar imágenes y "bajar" textos a su conveniencia, ritmo y horario y la gama de posibilidades es mucho mayor. Desalentador resulta, sin embargo, hasta el mismo acceso a Internet vía circuitos universitarios saturados pero no por uso académico&...; sino del tipo morboso que prevalece entre chicos inmaduros.
El frío no está en las cobijas. Igual que los obreros desplazados por los telares, al romperlos no tuvieron la reacción más correcta, mal haríamos en condenar a estos medios que alguien llamó de "dominación" de masas. A falta de contundencia en la oferta, mucho puede hacer el usuario. Sin culpar al mar, aprendamos a navegar sin naufragar&...; de lo contrario seremos como el pobre Chance. No vale el no aprender a nadar por rechazo a ciertos contenidos y abusos. Mas, si no va emparejada con una globalización interior, la citada mundialización resulta fatal. Las circunstancias nos obligan a "estar en todas" y en primera instancia a "estar en sus cabales".