Me dio gusto leer aquí al economista Luis Mesalles, el sábado 12 de julio , argumentando ahora algo que “casi” me he cansado de demostrar desde hace más de tres décadas sobre el desarrollo del país y el papel del Estado: este no dejó de ser “solidario ni de bienestar” a partir del primer PAE a inicios de los ochentas, como tantos economistas y analistas de izquierda y derecha, y textos de estudios sociales de secundaria, infundamentadamente han afirmado.
Mala gestión pública. Nuestra tesis –en aquella época en que el Estado comenzaba a mostrar signos alarmantes de crisis general– era que resultaba indispensable reconocer las disfuncionalidades que por mala gestión pública y por corrupción político-partidista entonces se vislumbraban, ya que era muy difícil visualizar que el Estado en América Latina fuera a reducirse significativamente, pues muchas “cosas” del mercado y del bienestar mínimo seguirían dependiendo durante décadas de políticas, instituciones y programas estatales para el desarrollo, por más paliativos que fueran. Si bien en toda América Latina el Estado como tal sí se redujo con los PAE, despidiéndose empleados y privatizando muchas empresas públicas y actividades, en Costa Rica ello no ocurrió así.
Mesalles coincide en señalar que, si bien hubo aperturas en varios aspectos, el Estado se mantuvo protagónico en intervención reguladora y en prestación de bienes y servicios sustanciales para la economía y la sociedad. Esta ha sido mi posición de tres décadas sin haber nunca leído, hasta ahora, a otro analista o centro de estudio reconocerlo con la misma amplitud conceptual y empírica.
¿Qué significado importante o interesante tiene lo anterior más allá de que un economista joven piense como este analista ya entrado en años? Que tantísimos analistas y centros de estudio en el país, incluidos partidos políticos, le dieron la espalda a aquellas tesis y estudios, tanto nuestros como de la propia Oficina de Planificación Nacional (hoy Mideplan), que desde 1976 advertían de estas cosas y urgían al Gobierno mismo, a partidos y a Raymundo y todo el mundo, a tomar nota seria de esta situación y enfrentarla con medidas entonces disponibles y viables, con pleno fundamento en la Constitución misma.
La Ley de Planificación Nacional de 1974, por su lado, permitía activar procesos, mecanismos e instrumentos gubernativos para movilizar articuladamente instituciones y ciudadanos hacia la identificación de problemas en todo campo de actividad (industria, turismo, educación, salud, infraestructura vial y portuaria, pobreza, etc.) y, en consecuencia, para encontrar las mejores soluciones concertadas y comprometer los mejores esfuerzos colectivos en su aplicación integral. Sin embargo, el asunto requería visión, solidaridad política e intelectual, pertenencia, disciplina y compromiso para un nuevo y mucho mejor desempeño de todos, según esas normas superiores para el excelente gobierno .
No se hicieron las cosas consistentemente entre Gobiernos sucesivos. Todo lo contrario: a la planificación como actividad señera y estratégica y al Ministerio asociado, Mideplan, los gobernantes la han ninguneado con la bochornosa cohonestación de muchos de los ministros que por allí han pasado hasta el día de hoy, a contrapelo de las claras obligaciones de su ley constitutiva. Además: a las exigencias de una más seria y rigurosa administración o gerencia de la cosa pública, la respuesta ha sido más y más improvisación (cualquier hijo de vecino administra procesos y recursos públicos sin tener la menor idea de cómo se come eso).
No han sido los PAE. En conclusión: sin dirección ni planificación, ni efectivos control y evaluación tanto internos como externos sobre tales procesos públicos, nuestro Estado y su institucionalidad seguirán sin funcionar de la manera óptima que el vigente marco normativo superior ya ordena.
No han sido los PAE ni ningún imperialismo foráneo los que se han paseado en Costa Rica: hemos sido nosotros mismos por indolentes, indisciplinados, improvisadores e incumplidores, aunque, según he denunciado también de manera incansable, influidos hasta el tuétano por teorías foráneas de todo signo ideológico que comparten la debilidad común de no ser aptas para Costa Rica.
Así ha sido hasta el día presente y así será por sécula seculórum mientras sigamos actuando con tal sentido tan distorsionado de lo que es responsabilidad partidaria y ciudadana en todo campo de nuestro desarrollo. Amén.