Opinión

Esperanza de vida

Tocamos techo, pero no es imposible superarlo

Cuando al inicio de la epidemia del sida, un colega me informó, alarmado, de que prácticamente todo el que contraía esta nueva enfermedad moría, sonreí y pregunté cuál era el problema. El colega se escandalizó y tuve que explicarle que todos eventualmente morimos; la cuestión es cuándo. La esperanza de vida es la respuesta estadística a esta pregunta crucial para los humanos: simples mortales con conciencia de su mortalidad. "Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar, / quíes el morir", dijo el poeta. La esperanza de vida mide la longitud de estos ríos. Su caudal, el otro aspecto de la metáfora, es la calidad de vida, concepto de medición más compleja.

El cálculo de la esperanza de vida es un ritual que llevamos a cabo anualmente con una casi morbosa curiosidad apenas el INEC da a conocer las estadísticas frescas de defunciones del año recién pasado. Para algunos esta medición tiene mayor interés que el mucho más publicitado PIB y similares, patética respuesta de los economistas al problema de medir la calidad de la vida. La esperanza de vida es un concepto simple, inequívoco, que dice mucho del desempeño de un país en la provisión del bien más preciado: la vida.

Pérdida masculina. El cálculo para 1999 resultó en una esperanza de vida de 74,1 años para los hombres y 79,8 para las mujeres. Esto significa que, con respecto a 1998, los hombres perdieron una décima y las mujeres ganaron medio año.

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