El texto de la entrevista a este servidor que La Nación amablemente publicó el domingo último, en lo que respecta a la escuela policial interamericana sugiere una inminencia que dicho proyecto no posee. Lejos de ello, y a juzgar por su azaroso tránsito por el Congreso estadounidense, todo apunta a que la citada institución deberá aguardar un tiempo considerable para concretarse.
En ese sentido, además de los trámites legislativos, penden aun definiciones por parte de las dependencias encargadas de ejecutar el plan. Asimismo, dado que se tratará de un organismo interamericano, serán necesarios convenios entre los países miembros y, desde luego, habrá que escoger la sede respectiva.
El propósito de la escuela sería adiestrar a grupos selectos de oficiales de policía especializados en inteligencia antidrogas y, desde que el proyecto surgió hace alrededor de tres años, las autoridades en Washington identificaron al menos cinco posibles sitios, entre ellos Costa Rica. En favor de nuestro país convergen sus tradiciones democráticas civilistas y su merecido prestigio por el respeto a los derechos humanos, valores que la escuela buscaría afianzar en las cuerpos policiales del continente.
Constituye un plan de carácter eminentemente civil, no militar, y no sobra destacar las ventajas, en particular económicas, para el lugar favorecido. Sin embargo, la selección de la sede se verá afectada por una enmienda incluida en el texto legislativo que le confiere prioridad al estado de Nuevo México. Hay también deseos de algunos legisladores de ubicarla en Florida.
En cualquier caso, la decisión dependerá de las condiciones que finalmente establezcan el Congreso y la administración así como que las mismas resulten aceptables para el país escogido. Obviamente, es un proyecto a largo plazo en el que mediarán complejas negociaciones.
(*) Embajador de Costa Rica en Estados Unidos