“Los valores son cosas reales”, afirmó Obama en su discurso inaugural ante millones. Para él son valores “la bondad de cobijar a un extraño cuando se rompen los diques, el bombero que sube corriendo por una escalera llena de humo”. El día anterior, se voluntarizó y pintó paredes en un albergue pobre. La noche inaugural, hablando ante la juventud, exaltó el voluntariado y citó como ejemplo “Teach for America”. Esa ONG recorre los campus de las mejores universidades del país y propone a los jóvenes trabajar dos años enseñando en las escuelas con carencias, por sueldos de subsistencia.
Juventud voluntaria. Su éxito es impresionante. Reclutan más jóvenes que las empresas líderes del mercado. Tienen jóvenes egresados de Harvard, Yale, y Princeton, entre otros, enseñando en guetos, distritos rurales, y reservas indígenas.
El Nobel Saramago, impactado, dice que hace tiempo que no había un mandatario que hablara de valores en esta forma, que hay que escucharlo con atención.
El voluntariado al que llama Obama produce anualmente más del 5% del producto pruto en EUA y en los principales países desarrollados. En Noruega más del 70% de la población hace trabajo voluntario. En Israel, uno de los líderes mundiales genera más del 12% del producto bruto.
Los jóvenes son sensibles a la solidaridad y los valores. Según una reciente encuesta la gran mayoría de los jóvenes de España “confían en el “asocianismo” y el voluntariado para participar en cambios sociales rápidos y palpables”. En la Argentina, en una encuesta Gal- lup, más del 80% de los jóvenes afirmó sentir: “uno de mis principales objetivos es ayudar a los que tienen problemas”. Resultados similares se han obtenido en otros países latinoamericanos.
En la crisis que empieza a impactar América Latina, harán falta en primer lugar políticas públicas vigorosas, y de alta calidad, que extiendan la protección de los bienes esenciales para los desfavorecidos que son casi el 40% de la población de la región. Las enfatiza Obama cuando se propone dedicar la tercera parte del gran plan de recursos adicionales que sometió al Congreso a Salud y Educación para todos. Pero junto a ellas América Latina requiere movilizar a fondo su potencial solidario.
Servicio-aprendizaje. Así, hay en la región cerca de 5.000 universidades. Si se introdujera en todas ellas la meta de que los estudiantes deben en sus carreras dedicar por lo menos un semestre a hacer por los demás en programas orgánicos de servicio-aprendizaje, ello significaría agregar una fuerza de trabajo inmensa y muy calificada al enfrentamiento de las grandes deudas sociales de la región.
Pueden expandir enormemente los esfuerzos que, entre otros, ya están haciendo estudiantes guatemaltecos que van a poblados adonde nadie llega a dar ayuda médica, estudiantes dominicanos que son los primeros en las inundaciones, estudiantes argentinos que ayudan a las empresas recuperadas gestionadas por sus trabajadores, o estudiantes chilenos que enseñan a construir su casa a pobladores pobres. Ese semestre es la propuesta de la nueva red de voluntariado universitario para la inclusión social que han creado universidades líderes con el apoyo del PNUD y la AECID de España.
Obama señaló en su inauguración que los valores son “el callado motor del progreso” y “son algo viejo”. Efectivamente, por algo el texto bíblico caracteriza a Abraham, padre de varias civilizaciones, la judía, la islámica, y la cristiana, ante todo como un voluntario que salía a recibir a la vera del camino a los sedientos y hambrientos y los llevaba a su hogar. Fue el primer voluntario de la historia del género humano, y su convocatoria sigue en pie.