Si algún duendecillo receloso no interviene, hoy el Partido Liberación Nacional(PLN) se lanza al ruedo...
El tema se las trae: la posición del PLN frente a la venta de activos públicos o ante el proceso de privatización. No sabemos si llegarán todos los que son o si serán todos los que llegarán. Pero, si el grupo es representativo e idóneo para bracear en este mar proceloso, la discusión puede resultar esclarecedora.
Y si, por infortunio político, el temor de definirse espantase a los pretendientes al poder o a los espíritus calculadores, el raquitismo de los participantes verificaría la anemia o depauperación ideológica del PLN, cosa que no conviene a este partido ni a nadie en Costa Rica. El debilitamiento del PLN afecta, en estos trances históricos, la democracia costarricense.
Es decir, si el PLN se atreve a plantear este tema y convoca a sus generales, es porque la cosa va en serio. En serio por la representatividad y la calidad de los presentes y en serio por las conclusiones. Esto es lo que esperamos. Atrás deben quedar, ante el imperio de los hechos y la magnitud de los desafíos, el nadadito de perro, el palanganismo, los dos libros de contabilidad y el esperar que se aclaren los nublados del día, llamamiento a la prudencia, cuando, en verdad, arrecia la tempestad y no se entrevé el horizonte, y simple evasión o cobardía, cuando abundan los elementos de juicio para decidir.
Costa Rica necesita que el PLN se defina. Ya lleva muchos años de ser maquinaria electoral. Debe, ahora, a los 50 años de la guerra civil del 48, tomar posición sobre temas capitales de Costa Rica y del mundo, con la visión y el valor con que don Pepe, hace 50 años, abolió el ejército y cerró los cuarteles, el mismo año en que el mundo recibió la alborada de la declaración universal de los derechos humanos.
La venta --o no venta-- de activos no es toda la política, pero es un capítulo inevitable de la política actual. No se puede esquivar, aunque en el seno del PLN bullan las tendencias o posiciones encontradas, desde las más modernas, con los expresidentes Figueres y Oscar Arias, Rolando Araya, Antonio Alvarez Desanti y otros dirigentes, hasta la policromía ideológica del Grupo Maicero, aún vivo; de los jugadores solitarios (para darse importancia), de los aferrados a la camiseta (para no pensar) o del nacionalismo corralista: "la Patria no se vende".
No hay duda. El PLN de los últimos años ha sido exuberante en tendencias, testimonio de democracia pluralista, pero pobre en actitudes. Los principales adversarios del presidente José María Figueres, recelosos de cualquier cambio, brotaron de las tiendas del PLN.
El PLN debe definirse y debe tener grandeza. Un asunto, aparentemente episódico, pero sustancial, lo retrata. Tuvo miedo su fracción legislativa de aprobar la reforma del reglamento interior de la Asamblea Legislativa, pese a que, en años anteriores, clamaban por ella. Tampoco tuvo la grandeza del PUSC que, digan lo que digan, aportó sus votos con largueza en el gobierno pasado para aprobar leyes de marca para el país, antes y después de las elecciones, portadoras algunas de un alto sacrificio político.
Por estas consideraciones, la reunión de hoy del PLN es reveladora, cualquiera sea el resultado.