Julio Rodríguez
En los albores de este gobierno, escribí una columna sobre ciertos riesgos nacidos de la audacia y vitalidad del presidente Figueres...
En esa oportunidad, por cierto, recibí los latigazos verbales de algunas personas quienes, quizá por una deficiente enseñanza primaria, no sabían leer o si descifraban las palabras, no entendían su sentido. "Su columna -me gritaron- es hija de la animadversión política". Supongo que estos individuos querían que el Presidente nos brindara exhibiciones de paracaidismo antes de los partidos de fútbol, no se bajara de las avionetas y siguiese aferrado al helicóptero, aparatos hijos de la tecnología, pero que, en territorio tico, no dejan de ser aparatos "a la tica", con todo lo que esta expresión adverbial quiere decir.
El tema viene ahora a cuento, tras el percance sufrido ayer por el presidente Figueres en Guácimo, en una pista a la tica, sin que nadie, a la tica, se le hubiera ocurrido inspeccionarla, de antemano, a sabiendas de la llegada del Presidente. Si, en esta tercera oportunidad, don José María sale ileso y vencedor, démosle gracias a Dios, pero ya es hora de adoptar elementales previsiones.
Primera: el Presidente solo debe montarse en una avioneta excepcionalmente. Segunda: queda prohibido, por Constitución, que el avión sea monomotor o dudoso bimotor. Tercera: las pistas deben inspeccionarse anticipadamente. Cuarta: el que manda en la avioneta es el piloto, no el Presidente. Si aquel dice: "no salimos", no se sale. Quinta: el Presidente debe preferir el desplazamiento en vehículo terrestre, pegado a la tierra. De este modo, puede descansar, conversar más sosegadamente con sus asesores o atender allí algunas visitas. Sexta: el paracaidismo presidencial equivale a renuncia a la presidencia. Séptima: la gente debe entender que el Presidente no puede estar en todo. En otras palabras, suscrito el Acuerdo Patriótico con Calderón, el Presidente debe firmar un convenio con la extrema prudencia y el descanso. Son los dos únicos extremismos que se le permiten.
Nota al pie: debe sentirse muy satisfecho el presidente Figueres por la profunda impresión que causó en el pueblo de Costa Rica, sin distingos políticos, este accidente, así como por las numerosas expresiones de afecto recibidas.
Y, como dicen las viejitas, no hay que tentar más al cielo, pues si el ritmo de la democracia, como se sabe, es lento hasta la desesperación, es mejor explotar al máximo el valor del tiempo en la labor de pensamiento y decisión, como se lo ha propuesto el Presidente, con los pies en la tierra, para realizar las grandes transformaciones de la Patria, que desafiar el tiempo, para ganar tiempo, en la velocidad espacial.
En fin, gracias a Dios.