Nadie, en Costa Rica, ha santificado, como se ha dicho, al TSE. Es preciso, sin embargo, distinguir entre la presentación de denuncias racionales y razonables, un acto democrático encomiable, y la campaña, iniciada en el Melico Salazar y proseguida hasta anoche, entre políticos, sindicalistas y extremistas reciclados, para calificar este proceso electoral de fraudulento, deslegitimar al próximo gobierno y de esta forma abrir las puertas a la violencia.
¿Eso es lo que quieren? Pues lo están haciendo maravillosamente. El mismo día de las elecciones ciertos dirigentes del PAC denunciaron chanchullos y chorreos. Y no han parado, al punto de que las denuncias de fraude ya se publican en la prensa internacional, en boca de dirigentes del PAC. Este partido está cavando su propia tumba. Sorprende profundamente que no aparezca en él una mente lúcida, un costarricense de veras, que detenga este suicidio. Cuando don Mario Echandi derrotó a don Chico Orlich, en 1958, este fue a la casa del vencedor a felicitarlo. Cuando don José Joaquín Trejos ganó las elecciones en 1966, mientras algunos loquitos del PLN decían que no se debía entregar el gobierno, don Pepe felicitó a don José Joaquín Trejos. Y los cabezas calientes recapacitaron. Eran otros hombres. Eran otros líderes. Alguien tiene que aparecer en el PAC para poner fin a la alianza con ciertos dirigentes sindicales y grupúsculos extremistas. El PAC merece respeto y futuro.
El documento del PAC al TSE, este 17 de febrero, se vuelve contra este partido. Solicitan "un verdadero escrutinio" y, si así no fuese, "la declaratoria que finalmente realice el TSE estará afecta por estas irregularidades". Es decir, si el TSE no hace lo que pide el PAC, se afianza la táctica del fraude. En otra parte, expresan lo siguiente: "la prisa es enemiga de lo perfecto" (¿no será, más bien, "lo perfecto es enemigo de lo bueno"?), un disparate conceptual (corredores de 100 metros planos, sed lentos; cuerpo de bomberos, deteneos.) y, luego, proclaman: "el escrutinio debe ser perfecto". Aquí se pintan sus dirigentes: la búsqueda de la perfección.
Llegados a este punto, el lector se estremece pues nada hay más peligroso que la pretensión política de lo perfecto, del todo, antesala del totalitarismo. Nada en esta humanidad doliente es perfecto. Pascal, sabedor de esta realidad, acuñó una sentencia inmortal: "Quien quiere hacer un ángel, hace una bestia". Cuidado con la bestia de las simplificaciones, de la institucionalidad, de la soberbia. La siembra de odio, a volea, ha sido constante y perniciosa. Su epílogo es la violencia. Nos queda, así lo esperamos, el reducto de la madurez del pueblo de Costa Rica.