Alguien propuso que los candidatos a diputado y a la presidencia de la República declaren públicamente cuánto cotizan a la CCSS y cuánto pagan de impuesto sobre la renta y otras yerbas.
Este procedimiento es más claro, concreto y eficaz que las declaraciones de bienes que jamás han alejado a nadie de caer en la tentación. Como decía un político, que de Dios goce, basta elaborar bien las declaraciones, esto es, con sagacidad para que, llegado el caso, el cuestionado pueda hacer, a tiempo, mutis por el foro.
Pero ¿por qué solo los políticos o los funcionarios públicos? Ciertas personas o empresas deberían también enseñar sus sábanas y sus fundas, principalmente antes de levantar el lábaro de la legalidad o de tirar piedras. ¿Cuánto cotizan a la CCSS? ¿Cuánto pagan, realmente, de renta? ¿Satisfacen, efectivamente, los salarios mínimos, sí, al menos los mínimos? ¿Qué beneficios les conceden a sus empleados?
En cuanto a los políticos y expolíticos, de alto coturno o de llanura, las cotizaciones justas a la CCSS dan una medida aproximada de su coherencia y de su sentido de la solidaridad, así como la explicación del modus vivendi actual de algunos otros, al pasar de la hondura a la cumbre, de la sima a la cima, nos puede dar una idea de las donaciones y premios recibidos. ¿Quizá una suculenta herencia? ¿Quizá un maná inesperado?
¡Qué hermoso sería publicar, a fin de año, una lista de todos los contribuyentes de la CCSS y de los fieles pagadores de la renta! Si no fuera porque lo segundo, en este mundo incierto, pondría en peligro a los contribuyentes y sus familias, sí podría recurrirse a este procedimiento publicitario cuando haya duda fundada sobre la honorabilidad de algunos individuos o ciertas empresas, tan prontos a mentar la soga en casa del ahorcado. Hay ciertos molinos de impuestos que necesitan una buena revisadita por dentro y por fuera, junto con el origen de ciertas fortunas, cuyo eco no se ha apagado y que, pese al tiempo transcurrido, siguen documentadas, allá y aquí, si no en libros, en la memoria de la gente.
Terminemos, como empezamos, con la Caja Costarricense de Seguro Social. La Sala Constitucional rechazó de plano un recurso de amparo interpuesto por el C. S. Herediano, cuyo presidente es Aquil Alí, para evitar el cierre por incumplimiento del pago de las cuotas a la CCSS. He aquí otro caso. ¿Es este el respeto de un club, en otras manos, a la seguridad social? En fin, renta y CCSS. Un rico filón para saber quién es quién.