De nuestro mundo...
Nuestro director, Eduardo Ulibarri, recibió el Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez 1999. Este es uno de los casos en la historia de los galardones en que el homenajeado es más la persona que le confiere el nombre al premio, dada la calidad personal y académica de quien lo recibe, que aquel que lo recibe.
Posiblemente lastimo la humildad de nuestro Director si evoco dos galardones de renombre internacional en el campo del periodismo que figuran, entre otros, en su retablo de honores: el Premio Maria Moors Cabot, Universidad de Columbia, en Nueva York, por sus contribuciones periodísticas al entendimiento interamericano, en octubre de 1996. Uno de los más altos reconocimientos periodísticos en el continente americano. Recibió también el Honor Award for Distinguished Service in Journalism, Universidad de Missouri-Columbia, 1989, para periodistas muy selectos.
Dijo Barak, primer ministro de Israel: "La inclusión de un partido de ultraderecha en el gobierno de un país europeo como Austria debería indignar a todo ciudadano del mundo libre". A todo ser humano decente. Una ojeada histórica: Hitler, austriaco, fue objeto de aplausos histéricos, el 14 de marzo de 1938, en la Plaza de los Héroes en Viena y el plebiscito del 10 de abril le dio el 99,73 por ciento de los votos al Reich. El ascenso del nazismo en Austria en estos años no es, pues, una casualidad. Bien hace, por ello, el Gobierno de Israel en levantar su voz. El silencio y la omisión prepararon el altar del sacrificio de 6 millones de judíos hace solo 50 años y de los crímenes contra la humanidad aun en esta última década.
De aquí que el eje de una verdadera política exterior, a partir del año 2000, debe ser el recurso de la palabra, el arma más poderosa en defensa de la dignidad humana. Costa Rica está llamada a realizar una labor singular en el mundo, en orden a la defensa de los derechos humanos, si se aparta del camino trillado de la diplomacia. Lo único que tiene que hacer es hablar con lucidez, con coraje y con coherencia. La expresión, por popular, es más expresiva que cualquier tratado: Costa Rica debe ser el yuyo --el tábano-- de los derechos humanos en el mundo, a tiempo y a destiempo...
Nicaragua quiere para sí la isla de San Andrés en el Caribe y Guatemala, la mitad de Belice. Nada menos. ¿No sería mejor que, en vez de la pretensión de crecer cuantitativamente, se esfuercen estos países en crecer cualitativamente, es decir, en derechos humanos, en funcionamiento y despliegue del estado de derecho, en calidad de vida, en auténtica democracia, en solidaridad y justicia social, en educación y salud? La fuerza expansiva de un ser humano o de una nación depende básicamente de su riqueza interior, de su capacidad interna de irradiación, no de su poderío territorial o militar. No entremos en el siglo XXI con pujas de poder sino con ansias de ser.
¡Y pensar que Costa Rica, que podría ser grande, está hoy doblegada por enanos políticos que, a toda costa, quieren reducirla a la dimensión de su propia astenia espiritual y política! La discusión legislativa del "combo del ICE", en la que el Partido Liberación Nacional (PLN) ha exhibido su postración intelectual y política, nos ha dado la medida.