Opinión

¡En el dolor, hermanos!

 Las palabras no serán suficientes para acabar con las suspicacias que ha generado el Petrogate

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La caída fulminante del gabinete Del Castillo y el nombramiento precipitado de Yehude Simon como nuevo primer ministro del Perú han servido de colofón a la hecatombe institucional desatada la semana pasada en el noble país andino. La crisis fue provocada por una sarta de audios infidentes –bautizados por la ironía limeña como el escándalo del PETROGATE– en los que Rómulo León Alegría, un antiguo ministro del primer Gobierno de Alan García y padre de una congresista del APRA, se lucraba con decenas de miles de dólares mientras amañaba la licitación de unos lotes para la exploración petrolífera, involucrando en sus contubernios a sendos gerifaltes del partido de la estrella solitaria.








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