¿Qué era lo que nos quería decir don Billo Zeledón a sus 27 años cuando ganó el concurso para escribir la letra del Himno Nacional en 1903?
No terminó la secundaria y aún así se distinguió como brillante periodista y poeta, diputado comprometido con la educación, al extremo de donar su salario a escuelas pobres. ¿A cuál gloria se refería? ¿A nuestra reputación, fama y honor lograda por las buenas acciones?, ¿a nuestros valores y forma de vida? Un pueblo valiente y viril… no los del dictamen de minoría ni los que defienden privilegios ni intereses económicos, sino un pueblo como uno solo. Valiente: de valor, fuerte, efectivo, excelente, lo de viril hay que volver a plantearlo porque cada vez más mujeres están haciendo las cosas muy bien en todos los campos y en algunas áreas de la educación son la mayoría, entonces me inclino por la definición de vidrio fuerte transparente y protector.
Cual es la herramienta tosca: grosera sin pulimento, ¿una pala? o ¿el concepto de alguien inculto, sin doctrina ni enseñanza? que hay que trocar, cambiar o transformar en un arma, instrumento, medio o máquina destinados a atacar o a defenderse.
Velando las armas. Por sus luchas y acciones, don Billo conocía muy bien el valor de la educación y sus implicaciones .Yo me atreveré a interpretar que ese fue su mensaje. Con TLC o sin TLC con Estados Unidos o Europa, con o sin agenda complementaria, estamos velando las armas para una guerra que se ve venir claramente. Ahora se llama competitividad y los campos de batalla son el conocimiento, la ciencia, la tecnología, la productividad, la calidad, la eficiencia, la transparencia, el esfuerzo y la tenacidad. Todos estos elementos tienen como base la educación como elemento transformador. Allí en las aulas están las toscas herramientas, en cada pupitre tenemos un arma letal en potencia. Si pensamos aceptablemente bien, las armas deben diseñarlas, fabricarlas y ensamblarlas los mejores, con los mejores materiales y la mayor calidad posible. Deben ser sometidas a pruebas y ser mejoradas constantemente con innovación y creatividad. Si nuestros amigos y enemigos nos ven bien armados nos admirarán o temerán y preferirán no pelear, sino aliarse. Y esa mezcla del mensaje de Don Billo y Sun-Tzu debiera ser nuestra estrategia. La calidad de la enseñanza, la aplicabilidad de los contenidos y la excelencia de los maestros en todos los niveles deben ser exigidas y pagadas adecuadamente para buscar un balance entre la satisfacción del logro y la eficiencia.
El 8% del PIB, el liderazgo del ministro de Educación, la visión global del Presidente, la enseñanza de la inversión extranjera, los éxitos logrados en áreas como software , alta tecnología, Intel, Ad Astra, turismo, servicios médicos, exportaciones no tradicionales nos deben servir de insumos para planear y diseñar los contenidos y preparar las habilidades y conocimientos específicos que las armas deben tener.
Lo que más se necesita. Más ingenieros, informáticos, biotecnólogos, genetistas, administradores hoteleros, chefs, músicos y artistas y menos abogados, economistas, intermediarios y burócratas. Retomar el análisis de la educación técnica dual para detener y mitigar la deserción escolar en los adolescentes, el INA integrado a los colegios técnicos y el sistema de colegios científicos enfocados en el desarrollo de estudiantes sobresalientes. Las más de 50 universidades que enseñan prácticamente lo mismo, especializándose y haciendo énfasis en lo que más se necesita y no en lo más fácil y barato de enseñar. Padres de familia más informados de las oportunidades que sus hijos pueden tener. Hogares con Internet de alta velocidad, barato y disponible con contenido digital nacional. Esos son precisamente los elementos básicos para trocar en armas las toscas herramientas.
Y, a renglón seguido, don Billo nos da su visón ecologista y nos recuerda que hay que cuidar el pródigo suelo y el cielo azul para que vivan siempre el trabajo y la paz.