Para participar en esta competencia debes contar con algunas influencias, ser medianamente reconocido o, al menos, mostrar inquietud por llegar a serlo.
Los criterios de escogencia son un tanto subjetivos, cuestión de estrella diría yo. Así, si eres simpático, tienes buena imagen o, lo que es más importante, sumas en tu ascendencia a algún ungido, date por elegible. Inclusive, despreocúpate de tu nivel académico o de tu trayectoria laboral: aspectos tan “superfluos” no aplican en la praxis.
Claro está, en contra de las mayorías, serán convocados otros jugadores que, por su ya demostrada virtud, madurez e inteligencia se convertirán en obstáculos para que los aprendices y los necios se sientan a gusto. Dicho sea de paso, estos son los menos...
Compromiso y expectativas. El inicio del juego es emocionante: te reciben entre aplausos y cumplidos, te felicitan por el grado de compromiso que asumes al participar recordándote, a la vez, las expectativas de la colectividad respecto a tu desempeño.
Luego, ingresas a aquel recinto, adaptado para tu permanencia y en el que serás ubicado según la lógica afinidad.
Uno a uno, tus compañeros de juego hacen aparición. Mientras tanto, la tensión y competencia comienzan a crecer. Ya que en todo concurso o premio –según se vea– se aplican restricciones, desde ese momento todo proceder salido de tono será percibido por la colectividad y hasta tus más íntimos comentarios tendrán repercusión en las masas
Ya en la marcha, la confianza y la familiaridad del principio pierden fuerza y valor. Las reglas cambian, las nominaciones resultan inesperadas, los amigos se convierten en adversarios y las relaciones de poder imperan. Ellos contra ellas, ellas contra ellos, todos contra todos.
Es esencial estar pendiente del trabajo del otro y jamás permitas que alguno tome la delantera, ese puede ser tu virtual aniquilador. Dejarse aconsejar es vital, cuanto más, en lo referente a técnicas de embestida y destrucción. Pierde el pudor si es necesario, al fin y al cabo en la guerra y en el amor todo se vale...
Efímera y traicionera. El relato no se hace esperar. Los medios televisivos, la radio y las revistas especializadas darán cobertura a tus peripecias. Ojo, si le escondes por travesura un zapato a tu compañera, si realizas un gesto grosero o si tratas de “arrastrada” a la que compartía contigo el mismo plato, comienzas a generar antipatías y rechazo. Resulta peligroso abusar de la inmunidad concedida, recuerda que esta es efímera y traicionera (puedes preguntar a quienes te precedieron).
Cuídate de tus parlamentos ya que hasta el confesionario está intercomunicado. Puedes llorar si es el caso, perder la memoria, hacer desplantes que, en todo caso, tu dignidad de padre... perdón, de brother , da para eso y más.
Recuerda que tu argumento se funda en la naturalidad y autonomía de tus actos. Esa es la labor más difícil de emprender.
La conciencia del mundo exterior significará doble preocupación para ti. Tus compinches no deben enfriarse, provoca el impacto y, si fuera necesario, el escándalo. Estás en deuda y debes ser consecuente con quienes han pagado caro para que estés allí.
Norma de oro: No le pierdas el respeto a la voz oculta que tiene el poder; las consecuencias pueden ser funestas.
Si quieres participar, el listado de requisitos se exhibe en distintas sedes o, si ya das por un hecho tu ingreso, date con libertad un paseíto por Cuesta de Moras que, por lo visto, nuestro big brother allí se perpetuará.