Las elecciones parlamentarias del pasado domingo en Afganistán -las primeras de ese tipo en los últimos 30 años- han marcado un hito para el país y mostraron, por primera vez en décadas, un progreso real hacia la consolidación democrática. Tal y como indicó el presidente del Parlamento europeo, Joseph Borrel, "el 18 de septiembre de 2005 será una fecha histórica para Afganistán. Tras decenios de guerra y oscurantismo, los afganos se han movilizado para elegir a su parlamento y sentar las bases de la democracia". En efecto, los pasados comicios suponen un progreso real hacia la consolidación de la democracia afgana, con hechos absolutamente novedosos para este país, sujeto a una represión política por razones ideológico-religiosas. A partir de esta elección, un 25 por ciento de los miembros de la nueva asamblea serán mujeres, hecho absolutamente inédito, las cuales aportarán un impulso adicional en las conquistas de derechos civiles y libertades a las mujeres afganas.
La moderna nación afgana tuvo su origen en el siglo XVIII, cuando Ahmad Sha Durrani logró unificar a todas las tribus en 1747, combatió a persas e indios, y logró establecer una monarquía que reinó hasta 1973. Justo ese año, un golpe militar encabezado por Muhammad Daoud Kan derrocó a la monarquía e instauró la república. Este proceso duró hasta 1979, fecha en que la Unión Soviética invadió el país y, como consecuencia de ello, se produjo una guerra civil entre el gobierno prosoviético y la guerrilla islamista. En 1986, EE. UU. por medio de la CIA y en colaboración con Pakistán y Arabia Saudí, reclutaron radicales islámicos de todo el mundo para unirse a la batalla de los muyahidin contra los soviéticos. Después de una larga confrontación, entre 1986 y 1989 se produjo la retirada del ejército soviético, si bien ello no supuso el fin de la confrontación ya que comenzaría una guerra civil entre las facciones muyahidin.
En 1992 los mujaidines capturan Kabul y deponen al gobierno del presidente Najibullah y sus allegados. Burhannudin Rabbani, líder de una fracción moderada, es designado presidente. Entre 1992 y 1994 el nuevo gobierno se divide entre diferentes fracciones. Hekmatyar impone un bloqueo de alimentos en el norte de Kabul, el área controlada por Rabbani. Posteriormente, en 1994, los talibanes surgieron como una fuerza unificada de lucha después de haber sido entrenados por la ISI (Inteligencia Paquistaní) en las mismas escuelas religiosas y campos militares pakistaníes que los mujaidines. Entre 1994 y 1996, bajo el liderazgo del mullah Mohammed Omar, fuerzas talibanes muy bien entrenadas recorrieron Afganistán, derrotaron a las fracciones mujaidines y lograron controlar 27 de 30 provincias. En 1996, la facción de los talibanes toma Kabul y establece un gobierno fundamentalista brutal.
Esta síntesis histórica explica, mejor que cualquier otro argumento, la trascendencia del esfuerzo democrática en Afganistán, que empezó a gestarse, tras el dominio talibán, hace tres años, que dio lugar a las elecciones presidenciales del año pasado y que continuó el domingo anterior. En consecuencia, la comunidad internacional debe reconocer a los afganos su valentía al desafiar las amenazas talibanes y votar en las elecciones legislativas. Como muestra de ello, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, felicitó a los afganos por su participación entusiasta en los comicios e hizo votos por que cualquier reto ulterior a la elección se afronte de forma pacífica y ordenada. De la misma manera, el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, afirmó que Afganistán había enviado un claro mensaje al mundo de que iba a continuar el largo camino hacia la democracia, pese a los desafíos de distinta índole. Después de tantas décadas de dominio talibán y represión política, este espacio democrático que se abre en Afganistán es un buen augurio que debe ser reconocido con apoyo y cooperación de la comunidad internacional en su conjunto.