Opinión

El valor oculto de nuestros lugares

Con el tiempo, los lugares se inclinan con el peso específico de lo que hacemos. Si en ellos suceden actos malévolos, se propicia la competencia, el clientelismo y la depredación. Si hay más actos de bondad, afloran el mutualismo y la cooperación

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Hace algunos años, en un parque público de Curridabat, vi una escena de amor inesperada. Un nieto y su abuela jugaban juntos. Eso no sería inusitado si no fuera porque él tenía más de 30 años y ella sobrepasaba los 80. Él la columpiaba enérgicamente y ella se sujetaba a las cadenas de la hamaca en un play de madera. La señora rompía la resistencia del aire con el rostro y las rodillas por delante, dibujando un cacho de luna cada vez más pronunciado, desafiaba la ley de la gravedad y rugía mientras se carcajeaba.








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