Opinión

El sucesor de Yeltsin

Putin hereda un país y un Estado en plena bancarrota

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La renuncia a la Presidencia rusa de Boris Yeltsin puede ser vista como una salida inteligente --casi la única que tenía-- del viejo político ruso, en un momento en que se encontraba totalmente desgastado física y políticamente, víctima de escándalos financieros y la imposibilidad de manejar un país que se le había ido de las manos. Es una especie de salida del poder por la puerta trasera, que le ha permitido una solución pacífica, negociando con su sucesor, Vladimir Putin, una especie de perdón o indulto general para él y su familia de los distintos escándalos y problemas que arrastró durante los últimos años.








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