Haciendo un análisis de mi propia experiencia como servidor público, como ciudadano que recibe asistencia de otros servidores públicos, como padre de familia que le gusta ser bien recibido, bien atendido, respetado, escuchado y apoyado en cualquier instancia o diligencia que realice, como ser humano pleno de derechos, entre ellos el acceso a los servicios y servidores públicos, les entrego esta opinión personal acerca del servidor público.
Indudablemente, el recurso humano es el factor más importante del soporte de la institución pública. En este contexto, el servidor público es la persona individual que, independientemente de jerarquía y calidad, presta servicios en relación de dependencia de una entidad pública.
Sin el concurso de los funcionarios públicos no habría gestión, lo cual está estrechamente ligado con el buen manejo de los recursos públicos.
Ser un funcionario o servidor público implica tomar decisiones, tener empeño, disciplina, tener conciencia de que el salario que recibe –sin importar cuál sea– no se justifica con la sola asistencia al trabajo. Es el valor del trabajo que realiza con eficiencia, teniendo en cuenta que el beneficio económico que recibe debe devolverlo en procura de una mejora a la calidad de vida de sus conciudadanos.
Sin distinción. Los servidores públicos, más allá de las responsabilidades, papeles y funciones por el tipo de servicio que prestan (presidente de la República, diputados, alcaldes, gerentes, profesionales, oficinistas, secretarias, porteros, barrenderos, etc.), todos, absolutamente todos, son eso: servidores públicos. Sin distinción de rango, categoría ni condición, estos ciudadanos tienen la misión de servir responsable y eficientemente a todos los ciudadanos.
Creo fehacientemente que, cuando perdemos de vista el verdadero significado del servicio público, caemos en la mediocridad, en el conformismo, en la carencia de compromiso y en la falta de motivación por esa maravillosa vocación que involucra el servir a los demás, que nos incluye junto con nuestras propias familias.
Finalmente les planteo dos preguntas agudas: ¿Qué trato le gusta recibir cuando requiere un servicio público? ¿Ofrece Ud. la calidad de servicio que le gusta recibir?